21 nov. 2010

*PREADOLESCENCIA y ADOLESCENCIA*

Hemos llegado a esa edad en la que el niño deja de serlo y nos presenta unas dificultades, a veces problemas, que son los más serios de su desarrollo como persona.
  Hasta ahora luchamos con “cosillas” pero ha sido más el ruido, en la infancia hay mucho ruido y jaleo, que las nueces que llegan a partir de los 12 años cuando entramos en la 1ª fase de la adolescencia que nos llevará hasta los 15 y de aquí hasta los 18 tendremos la o, lo que podríamos considerar, propiamente la adolescencia. Los datos numéricos, como en otras ocasiones he comentado, son aproximados y varían con cada hijo.

  Vamos a comentar lo que le ocurre al hijo en cada una de las fases de esta etapa de su vida pero antes quiero destacar la actitud que deben adoptar los padres con ellos, si quieren llegar a un buen resultado educativo. Considero que, fundamentalmente, hay que tener en cuenta lo siguiente:
    - Saber comprender al hijo sin que esto suponga una disminución en la firmeza ni en la exigencia.
    - Hacerle notar que confiamos en él y cuenta con nuestra ayuda para abordar cualquier problema.
    - Bien están los consejos y las charlas pero nuestro ejemplo y, sobre todo, la fidelidad a nuestras ideas es lo que mostrará al hijo el camino o, al menos, le hará reflexionar.
    - Si a todo lo anterior añadimos cariño, que note que le queremos por encima de todo, paciencia y tranquilidad andaremos por el buen camino que no debemos abandonar a pesar de las dificultades porque, por encima de todo, estamos trabajando para conseguir lo mejor para nuestro hijo.

  A estas cosas le vendrá muy bien el que hayamos puesto unos buenos cimientos en la etapa de la infancia. Esos buenos fundamentos no sólo serán una ayuda para los padres sino que, también, lo que hayamos sembrado en la infancia es punto de referencia para la reflexión del propio hijo y le ayudará a conocer por qué caminos puede rectificar de sus errores.

  Dejemos a los padres y veamos ahora las características principales, que presenta el hijo, primero en la preadolescencia y después en la adolescencia. Estas ideas, que no dejan de ser generales, completadas con una observación frecuente del modo de ser de cada joven, nos dará la orientación necesaria para la actuación como educadores.

  En la preadolescencia notaremos que:
- Se altera su postura anterior ante muchas de sus actividades como el estudio, los compañeros, la familia……, motivado porque los cimientos de su vida se ven sacudidos, debatiéndose entre una actitud más idealista pero, que en ocasiones, tampoco le gusta.
- Está más inseguro, aunque intenta disimularlo, y se hace más introvertido.
- El transcurso de la infancia a esta preadolescencia le produce cierto desasosiego que se deriva de las cambiantes circunstancias físicas y psicológicas que nota en su ser.

  Cuando llega a la adolescencia, siempre con carácter general, sale de su individualismo y se relaciona más y mejor con el entorno. También es la época en la que toma conciencia de la palabra “comprometerse”, apeteciéndole adquirir ciertas responsabilidades de diversas formas. La autoridad debe imponérsele por el razonamiento, pero no se debe dejar de ejercer en los casos, que pueden darse, en los que no la acepte. Especial atención se debe poner en orientarles en esos compromisos de todo tipo que le gusta adquirir, evitando que recorra caminos inadecuados en los diversos aspectos de la vida. Hay que hacerle ver que nuestra lucha es por su futuro, que al nuestro ya hemos llegado y que si lo hacemos, no sin esfuerzo y contra lo que él opina, es porque le deseamos lo mejor.
  Con esta entrega llegamos al final de un recorrido, menos extenso de lo que me hubiera gustado, sobre las etapas del crecimiento del hijo. En él se han ido exponiendo las generalidades de cómo va siendo ese hijo y algún detalle de la actuación de los encargados de formarle. No hemos acabado todo lo que debemos considerar pero espero que, conociendo algo sobre cómo es en cada fase de su crecimiento, estemos en condiciones de aprovechar lo que vendrá después que serán las diversas facetas de la educación como los estudios, el trabajo, la libertad, las virtudes humanas, el uso del dinero y el tiempo libre, el amor, etc., etc.

  Algunos me preguntan qué pintan los potros y caballos que acompañan a cada artículo. Bueno, no tiene mayor importancia que la de querer adornar el artículo con alguna imagen. Lógicamente hubiera estado mejor con una imagen de personas pero no están los tiempos para poner niños en la red, así que me decidí por las fases de crecimiento de un caballo, bello animal, que desde potrillo hay que educarlo (domarlo) no con abuso de la fusta sino con paciencia, cariño, dedicación de tiempo, premios y castigos…., que también son necesarias en la educación familiar. Así de aquél potrillo del primer artículo de la infancia se obtiene un airoso y joven caballo como el de hoy



Alejandro González
(El Vigía)
















   

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a (sólo adolescencia)

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