15 nov. 2010

*LA INFANCIA (3ª Parte)*

Llegamos, poco a poco, a esa edad de los 7 años que en su posterior desarrollo hasta los 12 ocupará esta nueva entrega. Hay una serie de circunstancias que nos harán notar, alrededor de esos años citados en primer lugar, que el hijo inicia la 3ª FASE y última de la Infancia. (Entiéndase antes, ahora y después que la palabra hijo, niño, muchacho, etc. termina en o/a, no entremos, por favor, en luchas sobre la igualdad, el género y demás cosas). Veamos en resumen algunas de las cosas que le suceden........................
Los compañeros de clase, todavía no se les puede considerar amigos, empiezan a tener más importancia. Si a esto le unimos que, por motivos escolares, está más tiempo fuera de casa, suele ocasionar que se vaya haciendo menos dependiente de las personas del hogar, incluidos sus padres. No debe preocuparnos ya que es bueno para su desarrollo personal y, por eso, deben esos padres colaborar en su evolución, huyendo de querer protegerlos y ampararlos demasiado. Los hijos, debemos tenerlo siempre presente, nacen para volar del nido algún día y tiene que ir preparándose con nuestra ayuda.
Esa relación con su grupo de compañeros es importante aprovecharla para orientar su educación en la aceptación de los deberes y derechos. Habrá que hacerlo de una forma sencilla y practicarlo en el hogar mediante tareas de colaboración, cumplimiento de sus tareas escolares y asunción de responsabilidades acordes con su edad.

También es fácil notar que el chico está más centrado, es como más pacífico y que sus preocupaciones giran, principalmente alrededor del colegio y los compañeros.
Se inicia una etapa en la que manifiesta una mayor capacidad de razonamiento, curiosidad por conocer las cosas y un aumento de su capacidad de memoria, especialmente cuando se trata de nuevas palabras. Por esto último se ha considerado que es la edad de aprendizaje del propio y otros idiomas.

Conociendo esas características y bien aprovechadas con tiempo y paciencia, como siempre, se puede avanzar mucho en su educación y formación.

Cuando la infancia se acerca a su final, pero aún dentro de ella, aparecen unos síntomas que indican que se acerca de la pubertad. Suelen darse sobre los 11 años y normalmente antes en las niñas. Estas transformaciones rompen el equilibrio que teníamos hasta ahora. El hijo se nota desconcertado y ese desconcierto se puede trasladar a los padres, a quienes les puede venir muy bien una ayuda ajena a la familia como puede ser el tutor del colegio o alguien con conocimientos específicos.

Ese desconcierto interno del hijo, producto de no haber dejado de ser niño pero que nota unos cambios internos, se pueden reflejar en un empeoramiento del rendimiento en los estudios. Además pueden producirse otras “señales” como cierto egocentrismo, agresividad, victimismo, intentos de hacerse notar, es más fantasioso, rechazo de la autoridad hasta ahora aceptada con normalidad.

Todo eso que hemos denominado “señales” complica, frecuentemente, la relación con unos padres que tienen que sobreponerse a la sorpresa de los cambios, poner los remedios oportunos y no pensar que son cosas que ya pasarán con la edad. El hijo reclama ayudas aunque no se da cuenta ni lo expresa con palabras y, casi siempre, ni las acepta, por eso debemos estar más cerca de él, ser sus amigos e incluso con cierta complicidad, sabiendo comprender qué le pasa y, también, no ceder en el ejercicio de educadores.

Como decía anteriormente una relación con un tutor o persona similar es muy provechosa. No es bueno pensar que nos bastamos solos para sacar las cosas adelante, que nuestro hijo es como todos y no vamos a ir al “psiquiatra” por cosas de críos. Claro que no hay que ir al psiquiatra, habrá que hacerlo cuando sea necesario, pero lo normal no será eso, lo necesario será no privarnos de buenos consejos y ayudas que son fundamentales para poner los cimientos sobre los que habrá que desarrollar procesos posteriores que llegarán en la pubertad o preadolescencia y en la adolescencia. Estas nuevas etapas serán objeto de trato en días sucesivos.



Alejandro González
(El Vigía)





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