19 oct. 2010

*EL HIJO*

Admirable, no sé si es la palabra adecuada, pero pienso que es admirable el que un hombre y una mujer puedan dar lugar a una nueva vida aunque científicamente sea explicable con eso del espermatozoide y el óvulo, incluso se ha conseguido unirlos en un laboratorio. Por cierto que cosa tan poco romántica además de otras aspectos éticos que no es el momento de abordar....................
En un mundo en el que muchos tratan banalmente las cosas más serias y respetables a mí me fascina el pensar cómo del amor humano, llevado a una relación íntima, se llega a una nueva vida y cómo ese nuevo ser humano, se aloja en el seno materno, allí sigue su desarrollo para salir al mundo exterior cumplido un plazo de tiempo. Esa criatura es acogida por sus padres para seguir ayudándole en su evolución biológica, intelectual, afectiva…….Ellos se han convertido en los garantes, y por tanto primeros responsables, de que ese recién nacido llegue a ser una persona preparada para incorporarse a la sociedad como adulto.

Maravillosa es, también, la relación de especial cariño que se establece entre la madre y el hijo que tiene en su interior, con el que crea un vínculo muy especial capaz de durar toda la vida a pesar de las más diversas circunstancias y dificultades. Todo esto daría para muchas páginas, me encantaría escribirlas, pero hay que volver al camino previsto para hoy. Pido disculpas por haberme ido por las nubes pero es parte del homenaje que debo a esposas, madres, padres e hijos, empezando por los míos.
Hemos llegado así a encontrarnos con esa responsabilidad que es la educación de los hijos para la que no hay una receta infalible como le gustaría a muchos. Lo siento pero yo no la tengo aunque existen una serie de recomendaciones a seguir y que ayudan a que las cosas se desarrollen adecuadamente. Iremos tratando de ellas a lo largo de las próximas semanas.

Como anticipo de nuevo hay que hablar de poner sentido común, que sí que hay que abordar la educación y formación de esa forma, con ese sentido innato que proporcionan la paternidad y la maternidad que, incluso, observamos en los animales. Pensemos lo bien que lo hicieron nuestros antecesores, sobre todo madres y abuelas, sin tener ningún curso sobre familia. Reconozco que los tiempos han cambiado y se dan otras circunstancias que nos parecen, además de distintas, peores. Bien pues a grandes males grandes remedios, más sentido común, más formación y más tiempo que si no puede ser dedicado en cantidad lo sea en calidad.

Quiero recordar algo que está implícito en el título de hoy “EL HIJO”. Lo he puesto en singular porque considero que es muy importante no olvidar que los hijos no son iguales por lo que deben ser tratados y educados teniendo en cuenta esas diferencias, fundamentalmente determinadas por su sexo, carácter y edad. La formación de un hijo hay que abordarla como el artista lo hace con su obra, con reflexión, dedicación de tiempo, paciencia y pensando que es una tarea a largo plazo, pues se inicia con el nacimiento o incluso antes y dura todo la vida de los padres. Lógicamente ese largo  periodo se compone de diversas etapas con características diferentes que tendremos que abordar.

Finalicemos destacando algo que normalmente se tiene olvidado: un hijo no es un derecho sino un don. Un don maravilloso que llega a un hogar y se pone bajo la tutela de unos padres para que lo sitúen en condiciones de soltar amarras y navegar por los mares de la vida y que debe saber que, cuando arrecie la tempestad, siempre habrá un amarre seguro en el puesto del que partieron



Alejandro González
(El Vigía)

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