29 sept. 2010

*SOBRE EL MATRIMONIO*

El diccionario que utilizo, de la Real Academia Española de la Lengua, define así el matrimonio: "Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales". Claro que ese diccionario es del año 2001 y, desde entonces, las cosas nos las han cambiado bastante. Sigo siendo partidario de llamar matrimonio a lo natural, es decir lo que la naturaleza eligió para que se reprodujera el ser humano y sobre el que se fundamentó la familia. Ya sé que hay otras uniones, que legalmente las han denominado matrimonio unos responsables cívicos que se creen capaces de enmendar la plana a la propia naturaleza porque la soberbia humana no tiene límites y el poder se puede subir a la cabeza de algunos, incluso de muchos....................
Este tipo de uniones a las que nunca me referiré como matrimonio son eso, uniones, bien que se una quien quiera con quien quiera, que les den los derechos económicos y hereditarios que se crean oportunos, pero no confundamos al personal con los términos ni montemos sobre ellos una familia con prole, por favor respetemos la ecología humana.
Tampoco soy partidario de ese término de "tradicional" con el que se acompaña al matrimonio y a la familia, en algunos casos con sentido despectivo y connotaciones de antiguo o caduco. Así que hablaremos de matrimonio y familia y nada más, ya vale de entrar en juegos malabares. Si algo hay que añadirles sería lo de "natural". Puedo asegurar que la naturaleza no es cosa mía, cuando se puso en marcha yo no existía.

Hoy tenía que dejar esto muy claro como homenaje a mis padres, que celebran sus 65 años de matrimonio, él ya en la otra vida y ella, delicada de salud, aquí en esta maravillosa Sevilla, a la que me he desplazado para acompañarla y a cuyo lado escribo esta página. Tantos años, tanta fidelidad, 7 hijos y no pocas dificultades bien merecen ser citados, aunque sea en este lugar sencillo.

Compromisos serios de antes y de ahora porque doy fe de que siguen existiendo, a pesar de un mundo que banaliza las cosas más serias y ha convertido el matrimonio en un contrato con menos seriedad que la compra a plazos de una lavadora. Esto puede llevar, y de hecho ya lo hace, a que bastantes jóvenes decidan pasar de las banalidades que crean sus mayores y se van a vivir juntos. Total para para lo que sirven los papeles dejémonos de rollos legales y de gastos.

A estas alturas de la historia humana no me sorprende nada de lo que se intenta para suplantar a la familia. No es nuevo, ya lo intentaron en épocas pasadas, sobre todo regímenes totalitarios, para servir a sus fines ideológicos y de poder. El tiempo les ha quitado la razón, sus posibles triunfos temporales han sucumbido en el transcurrir de la historia. Esos sistemas desaparecieron y el matrimonio y la familia siguen, en muchos casos gozando de una buena salud, y contando de gran aprecio entre muchos seres humanos.

Soy optimista porque resulta imposible acabar con algo que está en el origen y naturaleza de la persona. Estamos en tiempos duros, puede que vengan peores pero hemos apostado a caballo ganador. Nuestra gloria no la esperamos en la victoria, que tal vez no la veamos, pero sí en una lucha pacífica, pero firme. Debemos empezar por descubrir la grandeza de nuestro propio matrimonio y familia para continuar trasmitiendo nuestra ilusión a los hijos. Cómo, pues con pocas palabras: Basta con vivirlo como es debido y mostrarlo con naturalidad. El mejor predicador, a pesar de nuestros fallos, es el de siempre: fray ejemplo. Volvemos a donde siempre: ES LA HORA DE LOS TESTIMONIOS.


Alejandro González
(El Vigía)


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