6 nov. 2013

LOS PADRES Y LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS EN LA FE

Si partimos de lo que manifiesta la Iglesia que la Fe es un don de Dios puede haber algunos, para mí con cierto despiste o mucha comodidad que me parece lo más probable, que piensen que no hay nada que hacer o sólo queda rezar para que se les sea concedida.
Mucho, además de pedir a Dios por los suyos, pueden y deben  hacer los padres en la formación espiritual de los miembros de su familia que les han sido confiados. Suele ocurrir, aunque existen excepciones, en  que nos resulta más fácil atender otros aspectos educativos y al llegar al tema religioso preferimos confiarlo a otras estancias, quizás porque nos consideramos lo insuficientemente formados, por falta de tiempo, por darle más importancia a la parte alimenticia,  cultural, deportiva, etc.
No cabe duda que son muchas las facetas que hay que atender pero el espíritu de los hijos tiene la necesidad de una preparación religiosa cada vez más profunda ya que, como deben conocer bien los progenitores cristianos a poco que observen la sociedad, el ambiente exterior al hogar no favorece las creencias ni la vivencia de un estilo de vida cercano a Dios. Me atrevo a decir que es todo lo contrario pues más bien lo perjudica, por ser antagónico con el sentido de una vida en católico.

Recuerdo que, cuando realizaba en la universidad los estudios para ser orientador familiar, pregunté a uno de mis profesores cómo preparar mejor a los hijos para vivir en un entorno hostil a nuestros valores, su repuesta fu escueta pero contundente: “Cuando tú eras un muchacho el ambiente que se respiraba en tu hogar y en la calle se parecían bastante, ahora las cosas son muy diferentes. A tus padres les bastaba con mandarte a la lucha con un simple bocadillo  de conocimientos morales pero ahora las cosas han cambiado. Tus hijos necesitan una auténtica mochila”. Ha llovido mucho desde aquellos años ochenta. Dejo que saquéis vosotros las conclusiones.

No deberíamos descuidar un tema tan serio para el futuro de nuestros hijos, ni tranquilizarnos con la justificación de que los mandamos a la catequesis y a un colegio en el que confiamos. Tenemos que ser sus primeros educadores también en esto como en otras cosas y no sólo con la palabra, también y fundamentalmente con el ejemplo. Si nos pide el Santo Padre que seamos testigos de nuestra fe empecemos por la familia. Que sepan, incluso vean, nuestra vida de fe,  que nos confesamos, comulgamos con frecuencia, procuramos leer o estudiar temas sobre nuestra fe y que luchamos por corregir nuestros defectos.

No deberíamos quedarnos sólo en el aspecto religioso pues la fe hay que edificarla sobre las virtudes humanas y también en esto hemos de mostrarles el camino. Si nos ven esforzarnos por ser laboriosos, buenos amigos, veraces, sinceros, generosos, honrados, etc. y que, además, estamos alegres no cabe duda de que les estaremos dando un ejemplo que les anime a intentarlo.
Importante lugar en todo esto ocupan las conversaciones con los hijos. Bien están las tertulias en familia para estos y otros temas, pero la diferente manera de ser de cada uno aconseja que también haya diálogos personales. Claro que para eso necesitamos lo de siempre, tiempo. Todos andamos con una agenda apretada y usamos una de tipo libreta o la del teléfono móvil para poder atender a múltiples compromisos. Eso está muy bien, el orden es una cosa estupenda pero ¿por qué no hacemos lo mismo con los asuntos familiares? Pongamos los tiempos a dedicar a los asuntos que corresponden al matrimonio y los hijos en esa agenda y démosle cumplimiento como a los laborales, sociales y económicos. Sepamos decir que a tal hora no podemos acudir a tal o cual cosa porque  tenemos un compromiso ineludible, sin entrar en más detalles, aunque se trate de un ratito a dedicar a nuestro hijo pequeño. Ese esfuerzo si lo ofrecemos, estoy convencido, que llega antes al trono del Altísimo que muchas oraciones.
Ayer celebrábamos la Clausura de la Peregrinación de las Familias Del Mundo en el Año de la Fe n el Vaticano. En su homilía el Papa Francisco, entre otras cosas, nos decía en su homilía.
“Podemos preguntar: ¿De qué manera, en familia, conservamos nosotros la fe? ¿La tenemos para nosotros, en nuestra familia, como un bien privado, como una cuenta bancaria, o sabemos compartirla con el testimonio, con la acogida, con la apertura hacia los demás? Todos sabemos que las familias, especialmente las más jóvenes, van con frecuencia «a la carrera», muy ocupadas; pero ¿han pensado alguna vez que esta «carrera» puede ser también la carrera de la fe? Las familias cristianas son familias misioneras. Ayer escuchamos, aquí en la plaza, el testimonio de familias misioneras. Son misioneras también en la vida de cada día, haciendo las cosas de todos los días, poniendo en todo la sal y la levadura de la fe. Conservar la fe en familia y poner la sal y la levadura de la fe en las cosas de todos los días.”.

Aquí les dejo la forma de leer completa esa homilía, reflexionemos  sobre lo que dice utilizando documentos oficiales y olvidemos comentarios y titulares mediáticos:

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO:


Alejandro González
(El Vigía)                                  


       ***

        c
          
                            
 Este artículo me lo he publicado también en:

  http://es.catholic.net/familiayvida/154/295/articulo.php?id=59726






                

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