6 jun. 2013

FAMILIA, FE Y FUTURO

Este artículo me lo han publicado en
ARVO de Editorial Casablanca.
Es muy importante, sobre todo en los tiempos que corren, estar convencido de que debemos fundamentar sobre la roca de la Fe el edificio de nuestra vida. La Fe no es una teoría sino una actitud en la vida y sobre ella debemos construir nuestra familia y nuestro futuro.

* UN MENSAJE QUE NECESITA NUESTRA RESPUESTA

Finalizaba el año 1981 cuando  Juan Pablo II, en el final de  su Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, escribía: A vosotros esposos, a vosotros padres y madres de familia. A vosotros, jóvenes, que sois el futuro y la esperanza de la Iglesia y del mundo, y seréis los responsables de la familia en el tercer milenio que se acerca. A vosotros, hombres de sentimientos rectos, que por diversas motivaciones os preocupáis por el futuro de la familia, se dirige con anhelante solicitud mi pensamiento al final de esta Exhortación Apostólica.

Tras esto lanzaba esta especie de grito, que nos impactó de forma especial: ¡El futuro de la humanidad se fragua en la familia!

 El llamamiento nos impulsó a tomarnos el asunto de forma seria y  a pensar qué debíamos hacer. A los que entonces éramos unos padres jóvenes continuaba diciéndonos: En el designio de Dios Creador y Redentor la familia descubre no sólo su “identidad”, lo que “es”, sino también su “misión”, lo que puede y debe “hacer”. Toda familia descubre y encuentra en sí misma la llamada imborrable, que define a la vez su dignidad y su responsabilidad: familia, ¡sé lo que eres!

En el tiempo que, desde entonces,  llevo escribiendo sobre el matrimonio, la familia y los hijos no han pasado de moda esas palabras de este gran Pontífice sino que, al contrario, están plenamente vigentes como nos confirman las continuas alusiones  al tema que realiza su sucesor.

Pienso que hay motivos suficientes para que todos, especialmente los padres de ahora, como primeros responsables de la formación de sus hijos,  y los de entonces, hoy abuelos y depositarios de los valores familiares, reflexionemos nuevamente y, sobre todo, actuemos. El inicio de un nuevo año, y en pleno Año de la Fe, me parecen una buena ocasión y, con espíritu de colaboración, ofrezco algunas ideas, especialmente dirigidas a los padres.

 * FORMARSE  PARA FORMAR

 Como siempre los hijos aprenderán de los padres lo que les muestren con su vida. Después el ser humano puede dar muchas vueltas, tomar caminos adecuados o no, pero lo que se aprende bien y al principio de la vida, lo que se ve en el buen ejemplo de esos que saben ir por delante, aflora de alguna manera y en algún momento.

Por eso, entre otros motivos, necesitan los padres una formación cristiana adecuada, no sólo hay que ser un profesional formado de esto o de lo otro. Necesitamos encontrar el tiempo y los medios adecuados para mejorar continuamente nuestros criterios religiosos y ponerlos al día. Nos va en ello nuestra propia felicidad y la de los nuestros. Estoy escribiendo para quienes creen en una felicidad eterna, casi nada.

 El ser humano puede llegar al conocimiento de la verdad de las cosas pero por sus limitaciones necesita ayuda. Es más, para buscarla, tiene el derecho a recibir esa ayuda. La dificultad radica en saber encontrar el camino educativo mejor para alcanzarla. Esta es la gran tarea que en la familia corresponde a los padres en relación con sus hijos. Deben ir formándoles desde muy pronto para que vayan construyendo el edificio de su personalidad sobre unos sólidos cimientos morales.

No consiste la información en imponer normas ni condicionarles. Hay que procurar abrirles caminos hacia la realidad, darles seguridad, ayudarles para que sepan ponderar las cosas. Una formación adquirida con estos parámetros servirá como cimiento de la libertad y, dentro de ella, la formación religiosa es el fundamento que les servirá para no apartarse del camino correcto o, si se desvían, poder rectificar y enderezar su rumbo.

¿Qué pueden y deben hacer unos padres preocupados por la educación religiosa de sus hijos? Básicamente y a modo de marco general ahí os dejo unas reflexiones:

- La fe es un don gratuito de Dios. Por eso los padres no pueden darla a sus hijos, aunque han de ser para ellos los primeros educadores también en este aspecto, tanto con su palabra como con su ejemplo.

- La instrucción religiosa no es tema a delegar totalmente en los colegios o en los sacerdotes, es tarea de los padres ya que como hemos dicho ellos son los primeros educadores de la fe y, por ello, deben preparase adecuadamente para explicarla.

- Necesitan crear el ambiente adecuado para que los hijos reciban el don de la Fe, rezando por ellos, ayudándoles a conocer y tratar a Dios, así como intentando resolver sus dificultades.

- Para que conozcan a Dios hay que formarles en la fe, de una forma adecuada a su edad.

 - El hijo encontrará obstáculos y hay que ayudarle a salvarlos, especialmente educando su fortaleza, humildad y sinceridad. Además debe saber contrarrestar las influencias externas.

 - Los padres tiene que saber vivir su fe, cumpliendo con ella y practicando los Sacramentos, con este ejemplo y dedicándoles tiempo harán más fácil la formación de los hijos.

- Deben preparar y motivarles para que, por iniciativa propia, relacionen su vida cotidiana con Dios.

- La persona necesita de las virtudes humanas para desarrollar su fe y aumentar la vida de la gracia, por eso esas virtudes pueden ser para los padres como metas importantes a conseguir. Si exigen a sus hijos que cumplan bien en lo humano les será mucho más fácil estimularles para lo sobrenatural. Sobre esos cimientos hay que edificar.

- Pueden enseñar a sus hijos el camino para que vayan tomando decisiones personales referentes a la fe.

 Me quedo, a modo de resumen, con la idea de que son los padres los primeros educadores, también en esto, de lo hijos y que necesitan hacerlo con la debida preparación y, sobre todo, con el ejemplo de su vida. Ya sabéis la fe se propone pero no se impone, difícil tema pero ese Dios, en quien creemos que nos ha creado y nos ama, no quiere esclavos sino hombres libres que le conozcan para amarle libremente. En esto consiste, en principio, el trabajo de los padres en dar a conocer a sus hijos a ese Dios para que puedan luego amarle.

 * LOS HIJOS NECESITAN RESPUESTAS

 Quiero, ahora, tratar algo sobre esas situaciones en que los hijos, abordan a sus padres con preguntas en relación con las prácticas religiosas, que pueden descolocarles un poco. Pienso que lo malo en estos casos es ponerse nervioso y lo peor ser intransigente.

 En primer lugar deberíamos pensar que, además de rebeldía, tienen dudas planteadas, en  la mayoría de los casos, porque en su entorno de amigos no piensan igual que sus padres y necesitan argumentos para fundamentar sus opiniones y, sobre todo, sus actuaciones. Sus rebeldías nos están diciendo explícame la razón de tus ideas, por qué piensas y actúas de esa manera. Permitidme exponer, brevemente, algunos ejemplos que pueden servirnos como referencia para otros casos parecidos. Más que en la forma de resolverlos considero interesante la actitud a adoptar en las respuestas.

 Unas veces con su pregunta suelen abordar el por qué tiene que ir a Misa argumentando, además,  que no siente ni les dice nada.

La respuesta que le demos podría enfocarse por el siguiente camino:

- Tal vez no has entendido bien por qué vamos a Misa. Si lo ves como un entretenimiento dominical le sacarás menos partido que a una buena película o a otra diversión.

- Vamos para darle a Dios la adoración que merece, uniéndonos al sacrificio de Cristo en la cruz. La Misa es una oración, un sacrificio a Dios ofrecido por Jesús mismo y, también, un agradecimiento por tantas cosas como nos da.

- Además, en ella pedimos y recibimos de la Eucaristía las fuerzas espirituales necesarias para sacar nuestras dificultades adelante.


- Empieza a ir a Misa con esta actitud, sigue las oraciones y las lecturas con atención, pensando lo que allí se dice y verás cómo poco a poco la comprendes mejor. Finalmente, al empezar pide ayuda a la Virgen y a tu ángel de la guarda para no distraerte y atender bien.


 Otra posible pregunta podría ser: ¿Por qué tengo que atenerme a unas normas si yo puedo encontrar a Dios directamente?
La respuesta puede fundamentarse en los argumentos siguientes:
- A Dios lo puedes encontrar a poco que te esfuerces, estoy de acuerdo.
- Si tienes un poco de sensibilidad y levantas la cabeza, te sobran motivos y ocasiones para encontrarle. No obstante deberías pensar que Dios nos conoce muy bien pues nos ha creado y, por eso, ha puesto unas formas para ayudarnos.
- Mira, para subir a un edificio puedes intentarlo por la fachada, con cuerdas y poleas, pero el que lo construyó puso escaleras y ascensores, si los usas llegarás antes y con menos esfuerzo.
- Jesús, el Hijo de Dios, fundó la Iglesia y dejó en ella esas fórmulas que nos faciliten el encuentro con su Padre. Te aconsejo que no pierdas el tiempo y gastes energías en algo que ya está inventado. Además, esas normas no son rígidas sino que se pueden adaptar a tu forma de ser, a tu personalidad. Por otros caminos sólo darías vueltas para llegar a esto.
 Y qué responder cuando preguntan ¿Si papá no reza por qué tengo que rezar yo?
Ante una cuestión así uno se para un momento, piensa y responde algo como esto:
- Tú no ves a papá tanto tiempo al día como para saber si, en esos ratos que no está contigo, reza o no. Por otra parte, si ves que rezan otras personas, por qué no las imitas y dejas de buscar disculpas.
- Rezar es hablar con Dios, hacernos amigos de Él, contarle nuestras cosas y pedirle su ayuda. Si quieres ser amigo de alguien tienes que hablarle, pues eso es rezar. ¿No quieres ser su amigo?
- También puedes invitar a papá a rezar para que lo hagáis juntos.
 Así podríamos seguir con otras preguntas y respuestas, pero no quiero cansarles.
 
* Termino con dos consejos:
1º- Hay que tener en cuenta que cada hijo es diferente no sólo en edad sino, también, en carácter y personalidad. La formación debe ser adecuada a esos parámetros.
2º- Es bueno hablar con cada hijo, por supuesto, pero no olvidemos que el mejor predicador es fray ejemplo.

**NOTA: Este escrito es ya propiedad de Editorial Casablanca por lo que su utilización parcial o total deben consultarla a la citada editorial utilizando el apartado CONTACTO de su pagina cuyo link aparece al final de este artículo. Gracias
                          
 Alejandro González                 
(El Vigía)

***  a


 
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