22 ago. 2012

LAS CRISIS Y LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS

Continuaremos con el tema de las crisis, ampliando algunos aspectos de lo tratado en el artículo anterior. Hoy quiero abordar la postura que deberían adoptar, según mi opinión, unos padres ante estas situaciones. No deja de ser una opinión personal y de alguien a quien el tema económico le está afectando y, también, en diversas personas de su familia pero reconociendo que no ha llegado el asunto a cotas de extrema gravedad, de momento, pues como dice la conocida frase, toda situación mala es susceptible de empeorar
No es fácil estar agobiado por los problemas y tener la cabeza lo suficientemente tranquila como para hacer lo conveniente, especialmente con respecto a los hijos. Tengo la obligación moral de escribir sobre lo que yo haría o, al menos, intentaría hacer. Es que no hay más remedio, es necesario “hacer de tripas corazón” para sacar de las situaciones adversas lo mejor para la formación de los que están a nuestro cargo, dándoles el bagaje adecuado para afrontar los avatares de su vida futura en la que, me parece a mí, van a tener dificultades, de uno u otro tipo, como todas las generaciones.
La premisa fundamental que debe movernos es lo ya citado: Estoy formando a mis hijos para el futuro, para SU futuro como personas adultas libres y responsables.
No se puede pretender alcanzar lo anterior sin exponerles la realidad de la situación en que nos movemos tanto en lo que respecta a valores como a la economía de la sociedad. Consecuencia inmediata de ello es que no debo ocultarle las cosas, pero hay que hacerlo de forma adecuada a cada hijo. La edad, el carácter y otras circunstancias que los padres, mejor que nadie, pueden conocer deben marcar la pauta a seguir.
Estamos en un momento muy oportuno para educar en la sobriedad, en la renuncia a los caprichos, en la solidaridad con otras personas necesitadas y en otros muchos valores que en los momentos de abundancia no son tenidos tan en cuenta.
Todo esto sin hacer una tragedia del momento. Reconocer y dar a conocer una situación poco agradable no debe transmitirse a los hijos sin la serenidad adecuada, incluso hay que saber poner un cierto optimismo. No pretendo que se saquen las guitarras y las castañuelas pero hay que ver el lado bueno, por pequeño que sea, que tienen todas las cosas.
 Bueno, y si hay que sacar la guitarra y animar el ambiente pues todos a cantar algo porque.…"cantando se alegran, cielito lindo, los corazones"................ Si queremos acudir, en lugar de a comparaciones musicales, a frases conocidas tenemos aquélla de “no hay mal que por bien no venga” o la otra de “todo es para bien”.
En definitiva, hay que “agarrarse” a lo que sea para formar a los hijos estemos en situación de abundancia, normal o de escasez. Eso sí, predicando con el ejemplo que es lo más convincente. No hay mejores predicadores que unos padres que abordan la crisis con un sentido responsable en el uso de los medios económicos y de todo tipo, que cuidan las cosas que se usan habitualmente, que no malgastan el dinero en cosas innecesarias o en caprichos, que viven con dignidad la escasez, pero que saben encontrar fórmulas para que haya algún detalle extra para las celebraciones familiares, cuyos esfuerzos y sacrificios son conocidos en lo justo y sin grandes lamentaciones, que son solidarios con otros, dentro de sus posibilidades, etc. etc.
Preguntémonos si no podemos prescindir un poco del coche en ciertos desplazamientos o si, incluso, no lo necesitamos. ¿Hemos calculado cuánto nos cuesta al año un vehículo que casi no usamos? ¿Podemos prescindir de él y sustituirlo en esas escasas ocasiones por un transporte público o un alquiler puntual de un vehículo?
Podemos seguir, en términos análogos, hablando del uso innecesario del móvil, del consumo excesivo de tabaco, del excesivo alterne con los amigos en los bares, de…….., cada cual sabe cómo es su vida y en que puede y debe mejorarla.
Entiéndaseme bien, no estoy hablando de ser un cutre y no gastar. De nuestro consumo dependen muchos puestos de trabajo pero una cosa es comprar y otra derrochar. Vamos, que la tarjeta de crédito hay que usarla, además de con un pin, con cabeza.
No es fácil pasar de lo que hemos vivido al cómo vamos a tener que vivir. Esos viajes a paraísos lejanos, con la fórmula del “vaya en verano y empiece a pagar en marzo”,  habrá que cambiarla por ir más cerca, menos días y con menos lujos, incluso aprovechando ofertas….Bueno, algunos es lo que hemos tenido que hacer durante toda nuestra vida.
Podría seguir con más cosas y a vosotros no os sería difícil añadir otras pero para muestra baste con lo ya dicho. No quiero terminar sin decir que también deben ver nuestros hijos las medidas que ponemos en práctica para mejorar la situación nuestra y de otros. Que vean cómo buscamos la unión con otras familias para  luchar legal y socialmente, pues la unión hace la fuerza, para intentar mejorar las cosas.

Debemos impulsar a las asociaciones familiares para que se empleen a fondo en defensa de esos intereses de todas las formas legales posibles y, si las existentes no fueran capaces o no lo hicieran, habrá que constituir otras adecuadas.
Si unidos somos más fuertes pongámoslo en práctica, aglutinemos nuestra propia familia, hagamos un fuerte grupo con ella, para ayudarnos ante la situación y busquemos la unión con otras para hacer un frente común que exija a los dirigentes que se busquen las soluciones adecuadas.

El tema económico lo voy a cerrar aquí por ahora, pero seguiré hablando, otro día, de más aspectos de nuestras crisis.
 
 
Alejandro González
(El Vigía)

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