12 ago. 2012

LA FAMILIA Y LAS CRISIS

Un blog como éste no puede pasar de largo ante una situación de crisis que, sin necesidad de grandes explicaciones, todos sabemos que afecta, y mucho, a las familias.

Diversas razones han motivado mi silencio hasta ahora pero, principalmente, ha sido la politización del tema lo que más me alejaba de escribir sobre todo esto. Más de 49 años de silencio político, por obligación legal profesional y aceptado por vocación, han hecho que me apetezca más no intervenir que hacerlo cuando se roza la política en medios de comunicación, aunque sea en un sencillo blog como éste.
Realmente ya casi nada queda al margen la política pues se ha introducido hasta en lo más natural y menudo de la vida humana llegando, en muchos casos, hasta en lo sobrenatural.
Las circunstancias actuales me van a obligar a “politiquear” aunque sea escuetamente, así aprovecho para estrenar mi plena libertad de ciudadano recuperada hace poco.

Nuestra civilización occidental, en España de forma muy acusada, lleva años viviendo de forma despreciativa, sí, así me atrevo a calificar la postura adoptada, hacia todo tipo de valores humanos como la generosidad, la honradez, el espíritu de sacrificio, la solidaridad y otros muchos.

Un mundo así no puede más que dar lugar a seres egoístas e insolidarios, que van a lo suyo y pisan lo que sea y a quien sea con tal de satisfacer las propias apetencias y ambiciones.

Existen, lo sabemos y las conocemos en nuestro entorno e incluso fuera de él, personas estupendas que son todo lo contrario pero que por eso mismo se encuentran, en no pocos casos, criticadas cuando no privadas de facilidades para progresar en sus profesiones u otros asuntos.

Fundamentalmente el comportamiento poco ejemplar ha sido “predicado” por el mal ejemplo de individuos perteneciente a la clase dirigente de las instituciones públicas o empresas privadas y los llamados famosos. El amiguismo y enchufismo, el “todo vale” con tal de hacer dinero o “tocar cotas de poder”, el mal uso de ese poder cuando se alcanza al nivel que sea y otras cosas análogas se propagan fácilmente hacia los ciudadanos. No es fácil sustraerse a la tentación “si los jefes lo hacen no voy a ser yo el tonto”. Así llegamos a un acostumbramiento social que contagia el ambiente, incluso el que no se presta al juego no sube o se le aparta con cualquier pretexto. Al final se “pringan” personas de las más diversas categorías, claro está, cada una según sus posibilidades, pasando des pequeñas corruptelas a la gran corrupción.

Vaya panorama que estoy presentando pero, si miramos alrededor con agudeza sana y sentido ético, es lo que uno se encuentra aunque, vuelvo a repetir, sigue habiendo personas de bien y no pocas.

Las diferentes situaciones y circunstancias de todo este entramado no caben en un artículo que, como los que escribo habitualmente, me gusta que no sea extenso. Prometo una serie de ellos en los que seguir abordando esta crisis que, para mí, son un conjunto de ellas, no debiendo caer en la trampa de que todo el problema es económico y financiero, esto no es más que la punta de un iceberg.

Todas las circunstancias de la vida pueden y deben ser aprovechadas por la familia para enseñar, educar y formar a sus miembros. Si entre ellos sólo se pone esfuerzo en resolver el tema del dinero, por importante y vital que sea, habremos desaprovechado la oportunidad de considerar facetas fundamentales de la vida.

Es necesaria una regeneración social a nivel nacional y mundial. Sobre el papel que puede desarrollar en eso la familia trataré en las siguientes entregas. Entre tanto no se me asusten, calma que, como oí muchas veces a mi abuela, “todo tiene remedio menos la muerte”. Ya véis las crisis han servido para que yo salga de mi crisi de inspiración y pueda volver a publicar tras una larga temporada. No hay mal que por bien no venga, aunque hubiera preferido no tener motivo como éste par inspirarme.

Alejandro González
(El Vigía)

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