20 mar. 2012

EL NIDO VACÍO


“Que se marchan los hijos y la casa se nos queda vacía”. Esta frase no es difícil de escuchar en algunos hogares cuando se produce ese hecho. Sobre todo cuando ya se han ido algunos y llega el turno a los últimos se enciende la luz roja. No digamos cuando la lista de hijos, si han sido varios, llega al final y se despide el único que quedaba.
Lo que es una cosa normal, incluso estupenda, puede convertirse en un problema. Suelen ser las madres las que más sienten esta ausencia, es lógico, ser madre es amar de una manera especial, ellas son las que han construido con mayor interés y dedicación el nido.
Puede ocurrir, y es más frecuente de lo que algunos creen, que esa ausencia de los hijos, se sume un distanciamiento matrimonial. Suele haber un decaimiento de la apetencia sexual en la pareja normalmente con origen diferente en cada uno de ellos, andropausia en él y menopausia en ella. Añadamos a esto, en bastantes casos, que han cambiado el tipo y número de necesidades familiares, de trabajo y sociales.

Muchos problemas que antes había que resolver se han ido con los hijos, pero han llegado otros, fundamentalmente al marido quien, con los años, le suelen llegar asuntos profesionales de mayor responsabilidad a los que van unidos más compromisos sociales. La soledad de la esposa puede verse incrementada entonces y el nido, además de vacío, puede ser insoportable.

Hoy día, y con el transcurrir del tiempo cada vez más, estas circunstancias de trabajo y sociales se van dando en las mujeres. Esto, si bien a ellas les ayudará a llenar las horas del día con cosas que hacer, no resuelve el distanciamiento matrimonial, al contrario, puede facilitar que la distancia espiritual y psicológica aumente.

Bueno, pero ¿Hay soluciones? ¿Nos queda algún remedio que no sea sufrir la pena? ¿Debemos conformarnos con llorar por los pasillos, en la mesa de la cafetería con las amistades, o buscar tener cientos de contactos en Facebook, Twitter, etc.? Pienso que sí que existen remedios y, tal vez, no haya necesidad de acudir ni a lo que he citado ni a ningún especialista en psicología o psiquiatría. No pretendo despreciar a estos profesionales, en muchos casos son muy necesarios y el remedio adecuado, pero siempre he preferido buscar las soluciones en primer lugar por vías más sencillas, que acometan los afectados.

Digamos que hay que poner a trabajar la propia imaginación, buscar caminos e ilusiones para resolver el asunto en el hogar con el cónyuge y, por supuesto, contando con los hijos, la familia, los amigos y todo lo bueno que nos rodea. Todo ello con una premisa fundamental unir a la pareja, no compensar la desunión con otras cosas que nos entretengan de forma aislada. Si esto no funciona habrá que tratar con los especialistas….pero, por qué no va a funcionar, sólo si no lo intentamos seguro que no lo sabremos.

El quedarse solos puede ser un momento magnífico para unirse, para volver a preocuparse el uno de la otra y viceversa. Darse cuenta que inician una nueva etapa en la que los dos se necesitan porque, poco a poco, irán desapareciendo muchas cosas, profesión, salud, amigos que se ponen enfermos o nos dejan, etc. para terminar siendo ellos los que se den compañía mutuamente.

Hay que descubrir también que existe una sexualidad de la madurez. Sí sexualidad he dicho y lo ratifico, más reposada pero con mucho más cariño, producto de un mejor conocimiento y de lo mucho compartido. Habrá que saber mantener el atractivo cuidando el aspecto, el trato, los detalles y las sorpresas. Vuelvo al mismo tema de siempre, la imaginación al poder.

En otros aspectos también se necesita ponerse a discurrir juntos para hacer planes de diversos tipos, solos o con otros, pero juntos, es decir yendo en pareja. Hay que participar en actividades familiares o con amigos bien propuestas por sí mismos o por otros, pero repito juntos.

Es muy importante no olvidar que, aunque los hijos hayan “volado”, siguen siendo la familia más cercana que tienen, lo que encomienda a los padres, entre otras cosas, la misión de preocuparse por ellos y mantenerlos unidos. Siempre pensé que esto de mantener unidos a los hijos, nietos… es el último servicio que les queda a los padres por hacer. Los resultados no los verán, pues los frutos se recogen cuando ellos falten, pero hay que tender puentes que permita mantenerlos en contacto por encima de los caminos diferentes que tomen sus vidas.

Las situaciones laborales y matrimoniales de cada uno de ellos pueden producir distanciamientos geográficos que, a veces, ayudan a que se enfríen los afectos. Hay que buscar ocasiones que faciliten los encuentros para que, como se dice, “el roce aumente el cariño”. Las onomásticas, aniversarios, fechas importantes para la familia y cualquier tipo de evento deben ser ocasiones para que los padres inviten y animen a reunirse. Hay que buscar, en cada caso, lo que les pueda apetecer y, si se puede, asumir el porcentaje mayor de los gastos que ocasione el evento. Todo lo que facilite la ilusión por acudir es poco así que, de nuevo, la imaginación al poder.

Además de lo hasta aquí citado existen otro tipo de actividades que esos padres “solitarios” pueden hacer juntos, pensemos en ir al cine o ver algún espectáculo, pensar juntos en cómo adaptar la casa a la nueva situación y prepararla para la llegada de hijos con su nueva familia, hablar sobre cosas relativas a esos hijos y otras muchas más pueden facilitar la superación de un hogar vacío.

Termino con la misma idea con la que comencé, la salida del hogar de los hijos por circunstancias normales (trabajo, matrimonio, etc.) es un motivo de alegría, sobre todo en los tiempos que corren. Si desde bastante antes de que ocurra, no sólo hemos previsto que llegará a producirse sino que lo deseamos por ser lo mejor para los hijos, el trauma será bastante menor. No olvidemos que nosotros hicimos lo mismo porque es lo normal en el desarrollo del ser humano.

No puedo finalizar sin un mensaje para los hijos: No olvidéis que vuestros padres no sólo os dieron la vida, también dieron lo mejor de la suya por vosotros. No los dejéis solos, ahora os necesitan más que nunca para ser felices. Amor con amor se paga.

               
    Alejandro González
     (El Vigía)
     ***c

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