29 ene. 2012

¿POR QUÉ NO TENEMOS NIÑOS? (1ª Parte)

Continuemos con el tema del artículo anterior sobre eso de los niños que necesita nuestro continente y que no llegan en número suficiente. Quisiera tratar hoy sobre dos de los posibles motivos del “PORQUÉ” de esta situación.

Cuando se “bucea” en lo que comentan los expertos y otros menos expertos, porque aquí mete baza todo el que puede, pueden encontrarse ideas diversas, con unas se puede estar más de acuerdo que con otras, incluso se pueden echar de menos otro tipo de motivos. Os invito a hacer un recorrido por este panorama mientras os transmito lo que opino al respecto.
Me encuentro con algunos comentarios técnicos que tratan sobre la calidad del semen, considerando el asunto preocupante. Parece ser que la vida estresante de muchos hombres, el uso de ciertos fármacos, tabaco, alcohol y drogas, así como los tratamientos anticancerígenos han deteriorado a los espermatozoides, aunque dicen que la especie no está amenazada de extinción por este motivo.

Poco sé de estas cosas por lo que no pretendo discutirlas. Además, visto el deterioro que en otros aspectos del ser humano producen el estrés y los productos citados no me extraña que también afecten a la capacidad reproductiva.

Tampoco quedan fuera de estas opiniones, más o menos científicas, las mujeres. En ellas se destaca como causas de infertilidad la obesidad y el estilo de vida. Los deseos de muchas mujeres por destacar y ascender profesionalmente, según esos informes, ocasiona que proyecten la concepción en la treintena, incluso a los cuarenta años de edad. Con esto el periodo de posible maternidad queda bastante reducido.

Podría hacer sobre esto algunas bromas y relajar el ambiente pero prefiero tomármelo por el camino de la preocupación. Sí preocupación, porque en asuntos de la generación de la vida humana se ha llegado a una situación en que todo se manipula, se banaliza y se acaba comercializando.

Después de observar lo ocurrido con la fecundación in vitro y las madres de alquiler, no me sorprendería que, en lugar de intentar buscar la solución por el camino de un cambio de vida de hombres y mujeres, se manipule el posible problema hacia caminos que llevan a la destrucción del matrimonio y la familia.

Sí, aunque me llamen exagerado, me atrevo a imaginar que acabaremos creando una especie de “granjas humanas”, donde unos hombres-sementales, bien seleccionados y cuidados, junto con unas mujeres también escogidas para concebir nos proporcionen una buena raza de hijos.

Cuando se pierden la referencias de la naturaleza humana y lo prioritario es lo que me gusta o conviene todo vale. Así al ver al hijo como un derecho, una cosa que me apetece y que debo conseguir como sea, no se repara en los medios. Esto ha pasado con la fecundación in vitro y, producto de la manipulación genética, los bancos de semen y otras cosas, podemos llegar a no saber quién es el padre e incluso la madre de una criatura, que era lo único seguro que teníamos. Incluso ene ese desbarajuste puede ocurrir que, en el transcurrir del tiempo, cuando esos seres así fabricados crezcan, se produzcan matrimonios o relaciones sexuales entre hermanos.

Vaya lío ¿verdad? Pues en ese mundo estamos, así que ya no me extraña nada de lo que pueda ocurrir, porque, visto lo que pasa con el aborto, otro de los motivos que se citan como dañinos para el aumento de la natalidad. Si nos "cargamos" a los seres humanos antes de nacer mal puede crecer la población. Paradoja de una civilización que protege huevos y crías de especies animales y "devora" a sus semejantes.

Afirmo lo de semejantes porque no quedan dudas científicas sobre que el feto es un ser vivo, distinto a su madre, puesto que la ciencia ha demostrado que desde el momento de la fecundación, el cigoto (célula surgida de esta unión) combina los cromosomas del óvulo y el espermatozoide, creando una realidad completamente nueva. Sólo horas después de surgir, el cigoto comienza una intensa actividad celular de especialización, que permite determinar qué parte de esta microscópica realidad terminará convertida en el cerebro, el corazón, la columna vertebral o los músculos del nuevo ser humano. Sus dimensiones microscópicas no cambian el hecho de que este nuevo ser es un ser humano plenamente nuevo e independiente. Desde ese instante el nuevo ser único e irrepetible tiene toda la información genética necesaria para seguir desarrollándose hasta llegar a ser una persona adulta.

El dato de abortos en Europa es demoledor. No quiero entrar en un agobio de números pero es bueno saber que pasan de un millón anual, sobre 1,2 millones, y que la media está en un aborto por cada cuatro nacimientos. En España estamos en más de cien mil abortos anuales. Cuando una civilización entra en esta dinámica inicia el camino del suicidio demográfico.

Pensé en titular este escrito como “entre los que no tenemos y los que matamos nos estamos quedando sin niños”. Resulta un poco largo y un poco bestia, ¿verdad? Pero, aunque os parezca políticamente incorrecto, pienso que no ando muy lejos de la realidad.

No pretendo ni llevar razón ni entrar en discusiones, para qué no conduce a nada, lo que me interesa es que reflexionemos con seriedad y honradez para que después cada cual, según sus posibilidades, actúe en consecuencia. La caída de la vieja Europa no sólo es económica, me parece a mí.

Después de tratar de las posibles causas de infertilidad y del aborto os dejo, en los próximos días continuaré con el tema viendo otros motivos En la 2ª parte de ¿Por qué no tenemos niños?

Alejandro González
(El Vigía de la Atalaya)







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