6/11/2011

LA FAMILIA ANTE LAS TECNOLOGÍAS NUEVAS Y ANTIGUAS

En el tiempo que llevo publicando cosas sobre el matrimonio y la familia he comentado varias veces lo importante que es el que se hable entre sus componentes.    Quiero hoy tratar de unas cosas que dificultan, o pueden dificultar si no se utilizan coherentemente, la comunicación familiar.

  Muchos de los fracasos familiares tienen su origen en esa falta de comunicación que, en ocasiones, puede estar provocada por una inadecuada utilización de ciertos medios tecnológicos que, poco a poco, han ido invadiendo nuestros hogares.
   Me refiero, y de esto hablaremos, a la televisión y a internet fundamentalmente, aunque hay otros más. Todos ellos tienen un tratamiento común del que quiero tratar a continuación, dejando para otra ocasión, si llega el caso, los aspectos particulares de cada uno.


Hace ya bastantes años, cuando empezaba con estos temas familiares, la gran preocupación era la TV pero ahora internet, con el variado espectro que ofrece, se ha unido fuertemente a ese peligro, siempre que no se usen con la moderación necesaria.Todo es cuestión del tiempo que se debe dedicar a estos medios y a la familia, aspecto del que vamos hablar hoy, aunque existen otros importantes, como son el educativo y moral, que dejaremos para otra ocasión.


Deberíamos reflexionar sobre si la sociedad de la comunicación no está dificultando otro tipo de comunicación entre las personas, especialmente en el seno de la familia, cuya vida y convivencia no debe estar dominadas por esos medios audiovisuales que, teniendo su importancia y misión, no pueden ser el centro del hogar.

Unos padres responsables no deberían permitir esa tiranía exterior y que se utilicen en el hogar sin un cierto orden y, sobre todo, que se conviertan en los verdaderos educadores de los hijos. Tienen que empezar ellos por dar ejemplo y no se da cuando, al llegar a casa, se convierten en unos teleadictos o no salen de las redes sociales, chat, juegos u otros temas para los que se utiliza el ordenador, tampoco me vale el trabajo informático porque lo que ven los hijos es una gran dedicación a internet y poco a la familia, aunque el motivo sea tan noble como rematar la tarea profesional pendiente.

Hay que empezar por una correcta distribución de esos aparatos dentro del hogar. No debe haber una tele en casi todas las habitaciones y menos en los dormitorios. Tampoco debe estar encendida a todas horas y, sobre todo, hay que apagarla a la hora de las comidas. La mesa del comedor debe ser el lugar donde la familia hable y en estos tiempos, donde no es fácil reunirse para comer, es aún más necesario en las ocasiones en que es posible. Por el contrario, resulta muy positivo ver los programas de televisión en familia, me refiero a aquellos programas adecuados para ser vistos.

Es bueno situar los ordenadores en zonas comunes, lo que evita el aislamiento en la propia habitación y el control sobre su utilización. Además conviene señalar unos tiempos de uso, empezando por los padres que deben predicar con el ejemplo.

Conocido es el caso, que se da con más frecuencia de lo que se piensa, en el que la televisión se utiliza para entretener a los hijos y que no den mucho la lata. Este sistema de “canguro” es nefasto, sobre todo cuando se inicia desde muy pequeños, creando cierta adición. Lo mismo puede ocurrir, a partir de cierta edad, con el ordenador.

El sumun del aislamiento se consigue cuando, además estos u otros artilugios con sonido, se utilizan con cascos, así que ya sabemos a lo que contribuimos utilizándolos mucho o permitiendo hacerlo.

A todos los aparatos citados podemos añadir las consolas o cualquier tipo de máquina análoga. Lo que bien usado, en tiempo y forma, pueden sr un elemento de trabajo, ocio o descanso, podemos convertirlo, por una utilización inadecuada en algo pernicioso para los objetivos familiares.

Son los padres quienes, como responsables del hogar, deben marcar las pautas de actuación en las diferentes situaciones, teniendo en cuenta las características y necesidades de cada hijo y, como ya he dicho antes y en otras ocasiones, dando ejemplo.

Como siempre requiere que esos padres dediquen tiempo, y no poco, a las necesidades familiares. Comprendo todo eso sobre que uno o una suele llegar muy cansado a casa tras un horario laboral, a veces exagerado, y necesita liberar tensiones. Otras veces se puede alegar que hay trabajo pendiente y urgente para mañana. Comprendo, porque lo he vivido, que existan esas situaciones, pero no podemos consentir que se den a diario. El cansancio debe ser superado en aras a un bien superior, la familia, y el mucho pendiente para mañana no puede ser la norma de nuestra vida.

Permitidme una anécdota, podría decir que es de un amigo para disimular, pero se iba a notar mucho al dar los detalles, así que seamos sinceros y os cuento que realmente me ocurrió en mi casa, con mis hijos, hace más de 25 años. Vivíamos entonces en una ciudad pequeña y el horario del mediodía me permitía, muchos veces, comer en casa con todos para volver luego al trabajo. Empezaba mis pinitos con esto de la familia, leyendo y escuchando a personas muy preparadas que fueron las que me enseñaron y motivaron para seguir su camino, con las debidas distancias.
  Intentando poner en práctica sus enseñanzas les expliqué a mis hijos, la mayor andaba por los ocho o diez años, que no debíamos ver la tele durante las comidas, cosa que veníamos haciendo, porque así podríamos charlar y contarnos las cosas de la mañana. La cosa se puso en marcha y todo iba muy bien.
  Un día andaba muy interesado en una noticia que ya no recuerdo, así que sin decir nada me levanté, puse el telediario y giré la TV para poder verla desde mi sitio de la mesa. Una de mis hijas, la segunda, me dice: ¿Papá no habías dicho que comiendo no se ve la tele?. El señor de la casa vestido de militar y con mando, se levantó, apagó la tele y seguimos comiendo. Como diría un gallego, porque esto ocurrió en aquellas tierras, "nunca mais".............¿Conclusión?, la dejo para vosotros.
 
Termino esto de la dedicación a la familia y con ello mi artículo de hoy, con lo que comentaba Tomás Moro en una carta a su amigo Pedro Giles. El entonces Lord Canciller de Inglaterra (algo así como el primer ministro), al que imagino muy atareado, cansado y harto de pelear con su rey Enrique VIII, eso sí no tenía ni televisión ni internet, escribía así:

“Cuando vuelvo a casa tengo que atender a mi esposa, charlar con los hijos y conversar con los criados. Todo lo cual lo considero parte de ms ocupaciones, porque es una obligación que cumplir y debe ser cumplida, a menos que uno pretenda ser un extraño en su propia casa.”

                                                                                                                    
                                                                               
Alejandro González
 (El Vigía)
     





3 comentarios:

Anselmo de Canterbury dijo...

El ejemplo de vida no sólo ilustra, ¡también motiva! Gracias.

Anónimo dijo...

Lamentablemente,vivimos en una época de desintegración familiar,con un aumento de violencia doméstica, predominando en estos casos la agresividad,la multiplicación de divorcios etc,etc, el modernismo, nos esta pasando la cuenta a una velocidad impresionante, a tal punto, que nos hemos puesto más cómodos y perezosos,hoy en día ni siquiera nos movemos a encender el televisor,y en un futuro no muy lejano hasta el"auto fantástico" sera una realidad.
Para que exista una armonía familiar, es fundamental, como usted menciona Alejandro, la comunicación,considero que esta debe ser de mayor calidad que en cantidad, fluida,clara y concisa.
Recuerdo una historia,en la cual, un hijo solicitaba a su padre que lo ayudase con las tareas del colegio,y aquel padre que siempre salía con la excusa de que el se sentía demasiado cansado para poder ayudarlo...Hasta que un día el pequeño le pregunta a su padre que cuanto ganaba en una hora de trabajo,ante tal pregunta el padre queda perplejo y responde al muchacho,25 dolares la hora hijo mío,a la cual el muchacho introduce su mano a uno de los bolsillos y extrae una cantidad de dinero y le manifiesta a su progenitor: Padre, tengo solamente 24 dolares,me venderías una hora de tu tiempo...(Para meditar).
Por último quiero dejar un mensaje del escritor Tiberio López Fernández y dice así:
Si tienes un hogar tienes una fortuna.
Quizá pienses que tu hogar es imperfecto.
Mas,¿cuál es el hogar perfecto?
Lo que debes hacer es mejorar todos los días tus conductas,para que así mejore tu familia.
¡Vive con sencillez y humildad!
Decide no exigir que te atiendan como a un dictador.
Dedica más tiempo a los tuyos e interésate por cada uno de ellos.
No te angusties por las fallas de los integrantes de tu familia sino,más bien,haz con frecuencia esta sabia oración:
"¡Señor,mejora la actitud mental de mi familia;pero comienza por mí".
Con tu amabilidad,embellece tu hogar.
Saludos,y sigue con tu tarea de engrandecer a la FAMILIA,que el Señor te proteja y el Santo Espíritu te guíe,gracias por estar allí.
El Guardián.

Anónimo dijo...

Gracias po vuestros comentarios y el interés por leerme.
Alejandro González (El Vigía)