23 oct. 2011

NO JUBILES TU AMOR MATRIMONIAL

Pensaba que con el artículo sobre el noviazgo había terminado mi paso por los temas sobre el amor. Podréis pensar, con razón, que me falta escribir sobre el amor matrimonial, pero algo hay ya en el blog (ver ETIQUETA B, MATRIMONIO, incluso algo en la A, FAMILIA). Por eso, como decía, tenía previsto cerrar, momentáneamente, el ciclo amoroso hasta mejor ocasión.

Pero el hombre propone y, a veces, los amigos disponen. Me explico: He recibido un correo electrónico en el que alguien, a quien aprecio mucho por “antiguas” razones, me pide abordar un tema en el que no había pensado.

Con el fin de ayudar a las familias procuro escribir sobre matrimonio con hijos pequeños, adolescentes o jóvenes y puede ocurrir que no se acuerde de tratar otro tipo de parejas. Vayamos al nuevo tema.

Me habla, mi amigo, de que he tratado de diferentes casos de matrimonios en situaciones diversas pero uno que aún no ha visto es “el corazón y el amor en los mayores y “jubilatas”. Me cita diversos aspectos que conoce y que resume en lo siguiente:

- La edad pasa inexorable y el tipo de amor es-debe ser-, forzosamente diferente.
- Los hijos pasan progresivamente a segundo plano.
- Cabe que en el amor que fue "vivo", entre la rutina, la soledad y ¡ay!, el aburrimiento.
- El silencio de quien ya se tiene casi todo dicho, puede abrir brecha en amores lejanos ¿más intensos? ¿diferentes...?
- El cuerpo envejece en los dos ¿Y con él las ilusiones...? Se comienza vivir de añoranzas y recuerdos.
- Puede suceder que los caracteres se agríen. A veces el malhumor se instala en el hogar que fuera luminoso y alegre.
- El cuidado de uno a otro, porque pronto o tarde, los cuerpos se deterioran, pudiera también deteriorar el amor en lo más íntimo de cada uno...
- Puede surgir el cansancio, el hastío...
- También y en contrapunto a lo que parece negativo, el amor es más intenso, por cuanto no necesita "estímulos".
- En fin, sin referirme a ningún caso concreto, creo que es asunto conveniente para tratar.

Mi querido amigo, he pensado que tus frases no tienen desperdicio, pueden ser tan reales como la vida misma y por eso están ahí, ahora veremos que puedo aportar yo.

Ante todo opino que el verdadero amor no entiende de edad ni de jubilaciones. Cierto es que cada época del matrimonio tiene sus cosas, buenas y menos buenas. Si el amor, a pesar de esas cosas, se muere o agoniza es que no es amor, mejor dicho no era amor desde el principio y si lo era lo hemos “asesinado”.

Las dificultades, que existen y existirán siempre, se resuelven juntos, con cariño, comprensión e imaginación. Sí, imaginación que es fundamental para mantener la ilusión o despertarla si se ha dormido.

En la época joven, con los trabajos profesionales, la llegada y crianza de los hijos y otras cosas, entre las que ocupa, como no, un lugar importante el vigor y la apetencia sexual no es fácil aburrirse, aunque también hay que remediar problemas pero son de otro tipo. Por eso debemos buscar asuntos y situaciones que ayuden a mantener la unión, la ilusión y todo lo que necesita una pareja tras muchos años de convivencia. Lo que decía más arriba, la imaginación al poder.

Antes de seguir por el camino que llevo, permitidme que os diga que lo que puede llegar con los años se fragua, a veces, desde mucho antes, de forma similar a como los problemas de la adolescencia de los hijos se “cuecen” en la infancia y en la pubertad. Si nuestro matrimonio lo hemos vivido distanciados, cada uno en sus cosas, estando poco juntos y mucho con los amigos o amigas, viendo al otro u otra como alguien inaguantable con quien es mejor estar lo justo, etc. etc., es fácil que lo hayamos matado poco apoco. Por eso siempre hemos de procurar que el mejor amigo o amiga sea el cónyuge. Esto habrá hecho que a lo largo del tiempo hayamos compartido muchas cosas, ideas, confidencias, etc., lo que facilita la unión y pone los cimientos para un futuro unidos.

Los hijos, dice, que pasan a un segundo plano. Quiero entender que se independizan, organizan su vida… Pues claro, es lo que hicimos nosotros. Esto no quiere decir que nos olvidemos de ellos, tenemos que estar ahí, pendientes de prestar ayuda y consejo pero esperando que lo pidan, no metiéndonos en sus vidas de forma imprudente. El hablar de ellos de lo que podemos y debemos hacer y, sobre todo, cómo hacerlo sin estorbar, es un tema de conversación muy interesante para matrimonios maduros.

Hay que saber dejar tendido un puente ancho que facilite el retorno de los hijos y, cuando llegan que encuentren unos brazos abiertos, un corazón acogedor y, si es posible, una mesa con los platos que les gustan, un vino que caliente el estómago y, por qué no, cuando proceda, un regalo con motivo de una fecha importante. Compartir esta tarea es fundamental para mantenerse unidos por objetivos compartidos.

Con los hijos que se han ido de casa suelen venir los nietos. Hay que adaptar el hogar para recibirlos, incluso poniendo alguna habitación con literas. Buen motivo para hacer algo juntos. La remodelación es una tarea para compartir ideas, compras y trabajos.

No me puedo olvidar que prometimos, el día de la boda, estar juntos en la salud y en la enfermedad,…..Es el momento de cumplir aquello. Hay que hacer un esfuerzo, si fuera necesario para recordar los momentos felices y todo lo que el otro hizo por mí. Esto es motivarse para estar ahí, a su lado, si cuesta trabaja cumplirlo, que no tiene por qué ser así, pero que puede ocurrir.

Al llegar a esta etapa de la vida suele haber más tiempo libre, aprovechémosle para compartirlo. Hay muchas cosas diarias que se pueden hacer juntos y, mientras se pasea, se hace un alto para un café, se habla de esto o aquello. Pasear, sí, pero cogidos del brazo, de la mano o del hombro, no como dos extraños distanciados por varios centímetros, ni uno delante y otro detrás. No exagero, lo he visto en la ciudad donde vivo.

Considero que esto de andar juntos no debe ser agobiador, es decir en toda pareja sus componentes necesitan ciertos espacios de libertad, de compartir con otras personas. En definitiva ni todo el día pegaditos ni lo contrario, andar cada uno por su lado siempre.

No me quiero extender más, podría escribir un libro si dejo correr la imaginación. Baste con esto para hacer reflexionar que es de lo que se trata.

Un detalle, lo que he escrito es para los que lo necesiten. Por supuesto que hay matrimonios de cierta edad, muchos, que conviven maravillosamente, aunque algunas veces “se peleen” (la salsa de la vida).

Los hay que, a los 60 aún hacen manitas viendo una película. Son manitas de sesentones, pero es cariño maduro de manos que se han acariciado mucho. Son manitas de agradecimiento porque se debe mucho al otro, pero mucho y bueno.

Así que nada de jubilar el corazón, removámoslo con la imaginación y los detalles que donde hubo fuego siempre quedan brasas y, bien aventadas, pueden seguir quemando, no será para llamar a los bomberos pero sí para calentar esta etapa de la vida haciéndola más agradable.




Alejandro González
(El Vigía)


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