18 de sept. de 2011

LOS PADRES ANTE EL TUTOR

Después de haber tratado sobre el centro escolar y el tutor quiero rematar estos temas educativos comentando algo sobre los padres en sus relaciones con este último.
Consideremos, porque de algo hay que partir, que el colegio (público estatal, público concertado o privado) se acerca lo que buscamos y que el preceptor también. Difícil será que sean perfectos y también que se presenten como un desastre total. En el primer caso habrá que colaborar para mejorarlo y en el segundo las medidas necesarias tienen que bastante más drásticas, pero no es el tema que ahora me interesa.

Así pues situemos a los padres ante un tutor que desarrolla su tarea de forma adecuada en un centro escolar normal.
Lo primero que deben considerar esos padres es si lo ven como una valiosa ayuda en la educación de sus hijos y no un pesado que pretende que vayan a verlo periódicamente. Si no valoran ambos o uno de ellos la tutoría el sistema no funcionará.
Tendrían que pensar que puede servirles de mucho para coordinar sus relaciones con el centro escolar. Por esto es necesario colaborar con el tutor, diría más, pedirle esa colaboración y que vea que la apreciamos.

Las reuniones no deben ser solicitadas sólo cuando se produzcan temas graves sino con cierta periodicidad. No deben esperar los padres a que se les llame por algún motivo importante. Una actitud que se produce en ciertos casos es que muchos padres no ponen nada de su parte para entrevistarse, incluso eluden el encuentro con todo tipo de disculpas. Por este camino no se llega más que al fracaso.

Su trabajo con el hijo se verá favorecido si le facilitamos algunos aspectos de cómo es en familia, sin que esto suponga descubrir cosas familiares que debe custodiar la prudencia, pero tampoco es bueno pensar que lo conoce todo, para realizar su trabajo necesita datos.

Lo normal ante cualquier reunión en la vida es prepararla y lo mismo debe ocurrir en éstas. Una pequeña reflexión previa sobre lo que nos preocupa y de los aspectos tratados en la anterior ayudan a mejorar los resultados.

Un defecto frecuente es “enrollarse”, es decir, irse por caminos lejanos hablar y hablar de cosas banales y no concretar. Esto sólo sirve para que todos pierdan el tiempo. Saber ir a lo necesario.

No debemos centrarnos sólo en el resultado de las notas, que es lo que a muchos preocupa y poco más. Existen diversos aspectos que afectan a la formación del hijo como su atención, forma de estudiar y de exponer lo estudiado, amigos, valores, aficiones, etc. que pueden y deben ser tema de esas conversaciones.

No considero correcta una actitud, en ciertos padres, que busca sonsacar al tutor cosas que el hijo le cuenta. Hay que saber respetar su discreción, su derecho al secreto profesional.

Sobre el hijo es importante no ir, hay quien lo hace, con la idea fija de que nuestro niño es muy bueno y los malos son los otros, incluido el profesorado. Con ese planteamiento poco o nada se puede mejorar en el hijo.

Algunos me dirán cosas como “es que hay cada colegio”, “cada profesor” o “cada tutor”. Pues sí la verdad que hay por ahí cada cosa, pero nosotros no podemos dar lugar a que se diga hay “cada padre”.

Quiero terminar aclarando un aspecto que os habrá podido sorprender al inicio de este escrito, que en mi opinión es un error que sólo sirve para confundir hábilmente al personal: Normalmente se habla de educación privada, pública y concertada. Me niego a entrar en eso. La educación concertada es pública porque, aunque muchas veces tenga un ideario, se paga con los impuestos de los ciudadanos y está obligada a seguir lo que señala la administración en muchos aspectos, igual que la que dirige el estado. Por lo tanto no caigamos en errores semánticos hábilmente manejados por intereses ideológicos. Hablemos de educación privada, pública estatal y pública concertada. Si puede parecer lo mismo, a mí no, el matiz me parece importante.

Mis mejores deseos para este curso que se inicia y una recomendación: Procuremos ser unos padres tan eficientes, tan profesionales, como lo somos en otros aspectos de la vida, por ejemplo en el trabajo.


Alejandro González
 (El Vigía)