25 de sept. de 2011

HABLAREMOS DEL AMOR

Hace unos meses un amigo me pidió que escribiera sobre el amor, el noviazgo y todo eso. Le dije que sí y aún no he cumplido mi palabra.

Lo he intentado varias veces y tengo que reconocer que en unas no logré encontrar el camino y otras, viendo lo que nos rodea, temí ser demasiado crítico.

En un mundo en el que muchos no buscan la verdad, otros creen poseerla y hay quienes piensan que cada cual tiene la suya, es difícil que lo que pueda decir tenga muchos adeptos. Qué le vamos a hacer, escribiré lo que pienso que es correcto, como lo intento siempre, a la espera de provocar vuestra reflexión sobre el tema, principal finalidad de estos escritos.
He buscado entre las cosas que tengo anotadas o esbozadas y espero que, arrancando por ahí, mi cabeza vaya pudiendo dar salida a una serie de artículos.

Tantas explicaciones para qué, eso me pregunto yo, y la única respuesta que se me ocurre es porque me encuentro en un mundo en que el amor está en crisis, al menos ese amor en el que yo creo y que considero que se debe intentar vivir, dentro de nuestras limitaciones personales, que no son pocas.

¿Tan grande es la crisis que padece el amor? Pues parece que sí y que el problema se viene arrastrando desde hace años. Así por lo menos lo pensaba Gustave Thibon cuando, en su libro “La crisis moderna del amor”, escribía, allá por 1976, lo siguiente:
"La crisis del amor es un caso particular de una crisis mucho más amplia, una crisis universal. La crisis de costumbres que agita el mundo moderno no es otra cosa que la reacción servil de las almas a la multiplicidad y a la rapidez de excitaciones que les imponen la corriente de una civilización material prodigiosa, desprovista de contrapesos biológicos y espirituales. Es la adaptación impune y forzada del mundo interior al mundo exterior."

Intentando encontrar una explicación a lo expuesto podríamos decir que el progreso material de estos últimos decenios, al no ir de acuerdo con un avance moral y cultural más bien lo contrario, ha producido en el ser humano actual un desequilibrio en el que el placer y lo útil han impuesto su dominio sobre lo espiritual. La enorme presión a que se ha sometido a la persona por el ambiente ha hecho que tomara el camino más fácil, adaptarse a la superficialidad que le rodea.

Hay ciertos aspectos que han producido esa crisis esa crisis del amor, los más importantes pienso que son: La liberación sexual, la sexualidad de consumo y la mala información sexual.

Esto influye de diversas formas en el ser humano pero de modo fundamental en los jóvenes.

Como escribe el psiquiatra Enrique Rojas en “Remedios para el desamor”:
"El uso, abuso, falsificación, manipulación y adulteración del término AMOR exigen un esfuerzo especial de clarificación para evitar que éste quede reducido a cosa, es decir, cosificado, trivializado. Debemos volver a descubrir su auténtica grandeza, su fuerza, su belleza, pero también sus exigencias; debemos restituir su profundidad y su misterio."

 Casi nada lo que propone el eminente psiquiatra. Yo no pretendo tanto pero sí que nos adentremos en ese terreno, sobre todo, en ésta y próximas entregas, pensando en el enamoramiento de nuestros jóvenes, que es lo que pedía el amigo que me ha metido en este tema. No sé si lo conseguiré, pero lo voy a intentar y, sobre todo, lo que ya ha logrado él es que, apoyándome en dos expertos inicie el cumplimiento de mi compromiso y hayan empezado a fluir las ideas. Así que a partir de hoy y durante las próximas semanas, si continúa la inspiración HABLEMOS DEL AMOR, como decía la canción.

Alejandro González
(El Vigía)