9/9/2011

EL TUTOR, EL ALUMNO Y SU FAMILIA

 
Hemos hablado en el artículo anterior sobre las relaciones entre los padres y el colegio. Hoy querría decir algo sobre esa persona que considero como el cauce principal de esas relaciones, el tutor.

Esa importancia, si actúa como un buen tutor, se fundamenta en que es la persona que intenta la armonía entre los dos espacios educativos, familia y centro escolar, en beneficio de la mejora del alumno en diversos aspectos. Es un coordinador de la orientación que el alumno recibe por diversos cauces y esa coordinación, si se realiza bien, alcanza no sólo al alumno sino también a quiénes le educan, padres y colegio.
En definitiva, su labor complementa la acción educativa de los padres, con los que debe mantener una estrecha relación, y de los profesores, de cuyo plantel forma parte. De esta forma actúa como importante nexo de unión en esa tarea que es buscar la maduración como persona del hijo y alumno.

Conozco casos, seguro que también vosotros, en que unos padres, sólo preocupados por el rendimiento escolar y nada colaboradores en saber el origen de los fracasos del hijo, así como en dedicar tiempo para encontrar la solución, han cambiado gracias a la actuación del tutor. Si buscamos los motivos de ese cambio encontraremos que se deben, en gran parte, a que el tutor se ha distinguido en lo siguiente:
- La buena preparación, entrega y dedicación a su tarea.
- Los esfuerzos que ha realizado para que los padres se entrevisten periódicamente con él.
- Su paciencia en ir, poco a poco, convenciendo a los padres de su responsabilidad en la educación y que deben colaborar con el centro educativo.
- Lograr cambiar en los padres la idea de que lo importante no es el éxito escolar, sino la educación del hijo.
- No pretender tomar la decisión final, sino que se limita a colocar a los progenitores ante su responsabilidad y que sean ellos, debidamente concienciados, los que rectifiquen el camino a seguir.
- En definitiva, consigue cambiar la actitud de los responsables de la familia, con respecto a la educación del hijo-alumno, mediante una información adecuada.

El tutor debe darse cuenta de que en la muchas horas que pasan profesores y alumnos en el colegio tiene ciertos periodos de tiempo para fomentar la convivencia, hacer amistad con unos y otros, consiguiendo así conocerlos mejor y poder ayudarles, sobre todo buscando la mejora de sus preceptuados.

Todos debemos considerar que cada persona es un ser único, que el fracaso con un hijo o alumno no queda compensado por la alegría de los éxitos con otros, aunque sean muchos. Cada muchacho o muchacha es una responsabilidad importantísima.

Hay que tener en cuenta que la educación es algo que debe llegar al interior de la persona, en este caso el alumno, por lo que se debe procurar que profundice en las enseñanzas recibidas. Esto es lo que un tutor debe intentar conseguir, haciendo que interiorice lo que recibe, las vaya asimilando, las evalúe y, finalmente, las asuma.

Con respecto a los padres es diferente lo que deben buscar, pues hacerles comprender y aceptar el trabajo citado para con el hijo y que creen las condiciones para que se desarrolle. Es necesario que asuman que son los principales de todo lo que debe realizar el hijo para el desarrollo de su personalidad, sólo se consigue si colegio y trabajan en la misma dirección.

Está claro que en esas relaciones tutor-padres, éstos tiene mucho que hacer, no sólo escucharle o contarle sus cuitas. Ellos deben ser actores, pero de lo que se espera de los padres hablaré otro día, hoy me toca hacerlo del tutor.

Para terminar de hablar de él, pienso que la dirección de los centros educativos debe tomarse muy en serio la designación de las personas que van a llevar las tutorías, buscando los más idóneos por sus cualidades. Además, si los consideramos tan fundamentales, pues lo son, las administraciones, públicas o privadas de esos centros, deben tenerlo en cuenta para darles el tiempo y las condiciones necesarios para realizar y animar su labor, incluso compensar debidamente esa dedicación.

Me temo que, hoy día, ser tutor es algo no muy apetecible, incluso se huye de ello, por lo que acaba recayendo el puesto en cualquiera como puede ser el último e inexperto contratado.

Sin buenos tutores en colaboración con unos padres, concienciados y responsables, no podremos hacer mucho con los jóvenes. Educar es sacar del educando lo mejor que lleva dentro, es decir, el crecimiento en inteligencia, voluntad y afectividad. Esto es más, bastante más, que tener todo el curso aprobado.




Alejandro González
(El Vigía)
 
 





 
 
 
 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Qué buen artículo y qué necesario. Muchos profesores viven angustiados por las cargas legales de educar en valores, y son "mantenedores" de los niños introduciéndoles únicamente aspectos intelectuales. Es de agradecer que haya padres valientes que busquen esa complicidad con el profesor; poco a poco debería de generalizarse esta necesidad para que no sea un beneficio sólo de los colegios privados, y la educación pública vuelva a ser de calidad, sobre todo, calidad humana. Felicidades, Alejandro. Carmen I.

Anónimo dijo...

Gracias Carmen. Yo sólo busco ayudar a esos padres que no se dan cuenta de lo importante que es la colaboración con el colegio y se limitan a aparcar al hijo allí y veremos qué pasa. También al centro escolar y a los tutores que tienen una gran y hermosa tarea entre manos. La educación escolar, pienso, que es fundamental, lo más importante, en cualquier nación. El próximo artículo, espero que antes del sábado tratará de esto, estoy de viaje y, aunque lo tengo ya en la cabeza, he de madurarlo.
Alejandro (El Vigía)

Anónimo dijo...

En el sistema educativo español no se contempla al tutor como un orientador personal e individual. Más bien se habla de la tutoría grupal y temática.

El tutor personal solo se tiene en algunos centros privados en cuyo ideario se habla de una educación individualizada y personal. Yo conozco algún caso.

Por otro lado, en las tutorías grupales de nuestros institutos y del algunos centros concertados se utiliza esa hora legal y curricular para impartir talleres que el tutor no imparte. Se encargan a "expertos" del ayuntamiento o de la diputación, para que sin autorización de los padres, se hable de ed. sexual, educación de los afectos y las emociones, educación de la salud... aquí tienes un ejemplo:
programa escuela de salud


Gracias por seguir en la brecha. Siempre incansable subido en tu Atalaya.
JJ

EL VIGÍA DE LA ATALAYA dijo...

Aclaro lo anterior, tras consulta con un docente de instituto público que opina lo siguiente:

En los centros públicos cada curso tiene asignado un tutor que, al menos, tiene una hora de tutoría semanal con el grupo y OTRA HORA DE ATENCIÓN A PADRES (a esto me refiero en mi artículo, aunque es poco el tiempo hay que aprovecharlo).
El tutor es responsable de la buena marcha de la clase y de las reclamaciones, peticiones y demás que los padres de cada alumno quieran transmitirle. Eso es lo mínimo que se le exige. A partir de ahí, a imitación de la enseñanza privada, puede tratar de hablar con sus alumnos (trato individualizado), pero es poco corriente.
Además, los alumnos cuentan con un departamento de orientación en el centro, donde sí pueden recibir atención individualizada si la solicitan. Ahora bien, el orientador del centro, salvo casos especiales, no toma la iniciativa; han de ser los alumnos los que le visiten.

Lo que comenta sobre los talleres encargados a "expertos" es tal cual, tanto en centros públicos como concertados. Puedo asegurar que yo no me pondría en manos de esos "expertos" ni de broma.