3 ago. 2011

ESCUCHAR A LOS HIJOS

Conversando con un grupo de adolescentes sobre las cosas que trataban en familia me fijé principalmente en dos aspectos de la conversación, qué les consultaban los padres a ellos y sobre qué les gustaría ser consultados.
Obtuve respuestas de todo tipo que, para no hacer esto muy largo, expongo un resumen de las opiniones mayoritarias para sacar a continuación algunas conclusiones.
*¿Sobre qué suelen consultarte tus padres?:
-Hablamos sobre las vacaciones de verano, la carrera que me gustaría hacer o el coche nuevo que se van a comprar.
- No me consultan casi nada, sólo alguna cosa sencilla, pero es tan raro que no me acuerdo. Ellos deciden lo que hay que hacer.
- Charlamos de las cosas que piensan comprar como el piso, un ordenador, qué hacer con la casa del pueblo que era del abuelo. No son grandes conversaciones, sino charlas cuando vamos de viaje o comemos.
- Me preguntaron si me gustaría una enciclopedia para consultas, cómo me gustaría la bici que me piensan comprar y cosas así que me pueden afectar.
- No hablamos mucho. Mi padre trabaja bastantes horas y mi madre o está en la oficina o con las amigas. Yo hago un poco mi vida. Realmente me dan lo que necesito y ya está.
- Sobre temas que me afectan como libros, ropa, adornos para la habitación y cosas así, pero luego ellos deciden.
- Hemos hablado de muchas cosas. Es que los horarios de trabajo de ellos y los de mis clases son bastante parecidos, además la ciudad no es pequeña y la casa está cerca. Esto permite comer juntos muchos días. En esas comidas salen conversaciones sobre casi todo lo que afecta a la familia. Opinamos todos y ellos deciden lo que se va a hacer.

* ¿Sobre qué te gustaría que te consultaran?:

- Me interesa mucho poder opinar sobre lo que vamos hacer los fines de semana, sobre todo cuando me afecta.
- En aquellas cosas que va a repercutir en mi vida. Aunque ya me he acostumbrado a que pasen de mí.
- Que en los arreglos de mi habitación y en la compra de mi ropa cuenten más con mis opiniones.
- Estoy satisfecho en general, me tiene bastante en cuenta para las cosas que me afectan.
- Paso. Es difícil que nos entendamos, pienso que es tarde para arreglar las cosas, me he acostumbrado, voy bien así y ya está.
- No puedo quejarme mucho, pero hay cosas para las que me consideran pequeño (asuntos de dinero, gastos fuertes de la familia y cosas así). No intervengo y me gustaría dar alguna opinión.
- Estoy bastante satisfecho, cuentan bastante conmigo, aunque luego hacen lo que quieren. Al final se impone la opinión de los mayores.

* Algunas opiniones personales.

Al repasar estas respuestas y, sobre todo, recordando las caras que ponían al hacerlas, he llegado a algunas conclusiones que expongo a continuación.
- Los adolescentes ven con agrado que se les consulte, es decir que se les de algo de cancha.
- Valoran que se les admita en el diálogo familiar, producto de una convivencia frecuente en comidas, tertulias, paseos…..
- Sobre todo les sienta muy mal, pero que muy mal, que no se trate con ellos los aspectos que les afectan directamente (Su ropa, habitación, vacaciones, etc.).
- Los que tienen carencia de ese diálogo, aunque se expresen con dureza y escepticismo, lo necesitan, se descubre a pesar de la pose de dureza.

*Hay familias que siguen ciertos procedimientos:

También hay familias, no pocas, que procuran permitir que sus hijos participen en los temas familiares, principalmente cuando llegan a la adolescencia, para lo que siguen ciertas pautas como son:
- Que conozcan la situación económica y las necesidades de la familia, aunque no haya que entrar a fondo en los detalles.
- Darles una idea del esfuerzo que suponen sus estudios y otros medios complementarios.
- Consideran eficaz colaborar con el colegio y que sus hijos sepan cosas de esa colaboración.
- Comentar con ellos los acontecimientos que van a afectarles.
- Promueven, de manera adecuada, su participación en los eventos que se celebran en casa.
- Están marcados unos encargos familiares, apropiados a cada edad.
- Procuran conocer sus puntos de vista y gustos.
- Explican cuándo y por qué no se ve este programa de TV o para qué no se usa internet. Esos medios están en zonas comunes, no en dormitorios.
- Señalan unos horarios de regreso, razonando los motivos.
- No resulta fácil pero hay que intentarlo, desde pequeños y de forma progresiva, y si no lo entienden prevalece el criterio de los padres porque tiene la responsabilidad de cuidarlos y los quieren más que nadie. Ese cariño no hace falta explicarlo tienen que notarlo.

*CONSIDERACIONES FINALES:

Si en la familia vamos preparando a los hijos para incorporarse a la sociedad me parece importante que también les vayamos dando, de forma progresiva y adecuada a su edad, oportunidad para que opinen sobre diversos temas, especialmente en aquéllas que más les pueden afectar.

Esa participación, bien administrada, puede ser un importante apoyo para la autoridad de los padres. Escuchar la opinión de los hijos en las cosas comunes, que se deben compartir en familia, no tiene por qué ser considerada como una dejación de la responsabilidad y autoridad que compete a los padres, auténticos directores de la unidad familiar.

Si los padres llegamos a comprender bien los aspectos citados anteriormente no les costará mucho esfuerzo promover la participación y las opiniones de los hijos. El tiempo permite comprobar que es, además, causa de una mayor unión familiar.

No todos los temas pueden ser objeto de consulta a todos los hijos, pero tampoco sería bueno que no existan algunos. Corresponde a los padres el llevar a cabo esas consultas y, sobre todo, la decisión final de los asuntos.

Hay que saber escuchar primero, decidir después y, en lo posible, explicar las causas de esas decisiones. Como ya he dejado escrito, pero lo reitero, es muy importante en todo esto tener presente las diferentes edades, pero empezar desde muy pequeños. La educación no empieza en la adolescencia se llega a ella, a la forma de ser del hijo adolescente, tras un recorrido de bastantes años, utilicémoslos y evitaremos sorpresa y situaciones difíciles después.

No se trata, por supuesto de convocar un consejo de familia cada semana o en vísperas de acontecimientos importantes. Hay que poner a trabajar la imaginación, hacer esas consultas de forma individual o en grupo, según convenga, aprovechando paseos, excursiones, comidas, etc. Hay que saber provocar los temas en las circunstancias ordinarias de cada jornada.

Conocí a un padre cuya hija, algo rebelde en aquellos años adolescentes, que le preguntó por qué a los programas de radio que dirigía en una emisora siempre llevaba “carrozas” (Eran personas amigas de alrededor de los 40 años, pero para ella mayores).

Al preguntarle qué joven pensaba podría ir, respondió sin cortarse que ella misma. Más sorprendente fue la respuesta al preguntar para qué quería participar: “Para decir a la gente joven que cuando unos padres nos exigen es porque nos quieren”. Sorpresa, sorpresa....

Hay que saber que una casa no es cuartel ni, tampoco, una democracia, pero los hijos deben aprender en ella la disciplina y la participación, que no están reñidas.
 
Alejandro González
 (El Vigía)
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