2 jun. 2011

UNOS PILARES PARA LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS (II)

Los padres, ya lo sabemos, son los primeros educadores de los hijos, es decir, la paternidad y la maternidad no terminan con el nacimiento sino que ha de prolongarse para poco a poco ir formando auténticos hombres y mujeres. Por esto la educación en las virtudes humanas debe ser una prioridad en la atención educativa que debe poner con sus hijos.
Sobre esa responsabilidad debemos conocer que la complementariedad que existe entre padre y madre no debe ser yuxtapuesta, es decir, uno termina y empieza el otro; es como si tuvieran un encargo por relevos. Esto es un error. Deben actuar de forma superpuesta y complementaria, poniéndose de acuerdo para exigir en equipo y, para ello, es necesario un diálogo entre ambos para conseguir esa compenetración.
Si lo anterior es importante mucho más lo es educar desde la perspectiva de que cada hijo es un proyecto distinto y deben estudiarlo en común, para darle el tratamiento adecuado. Veamos, de forma esquemática para no ser exhaustivo, una serie de cosas que debemos tener en cuenta.

1) En el caso que tratamos de educación en las virtudes no debemos olvidar aspectos interesantes como los que cito a continuación:
   -Cualquier virtud ayuda a la formación integral de la persona.
   -Lo que se quiere que sean los hijos en el día de mañana será el resultado de la siembra que se haga en la familia.
   -Las virtudes son necesarias para hacer de los hijos verdaderos hombres y mujeres, de lo contrario estarán a merced de modismos, caprichos y pasiones.
   -La educación en las virtudes ayuda a tener una jerarquía de valores y afectos, para dar a cada asunto su debida importancia.
   -En la vida es necesario estar despegados de los bienes materiales, ser austeros y sencillos y eso se obtiene educando las virtudes adecuadas.
   -Una persona educada en las virtudes, si sabe permanecer en ellas, será firme a pesar de los vaivenes de la vida.
   -En la vida se es más feliz al darse a los demás, y eso se aprende con la virtud de la generosidad.
   - De nada sirven unas palabras bien dichas si no van avaladas por una línea de conducta, por eso los padres educan fundamentalmente con lo que hacen, que es captado en todo momento por sus hijos.

2) Existen unos criterios que deberíamos tener en cuenta para insistir en cada hijo más en unos aspectos que en otros:
   -Antes de nada no olvidar, insisto otra vez, que cada hijo es diferente y la uniformidad, todos igual, en el modo no suele dar buenos resultados.
   -El fin que se persigue.
   - La edad del hijo.
   -Lo que más necesite cada hijo en cada momento.
   -Evitar una monótona y continua exigencia que produzca aburrimiento y rutina.
   -Cuando el hijo es pequeño insistir en el tema de la obediencia.
   -Pensar qué buscamos del hijo, actuación o reflexión, y exigir en consecuencia.
   -Al insistir en una virtud hacerlo también en otras que le ayuden a conseguirla por ser complementarias.

3) Hay ciertas cosas que, durante nuestras actuaciones, tendremos que tener muy presentes los encargados de formar a esos futuros adultos, como son:
   -Los padres educan principalmente con su conducta, luego la primera motivación es el ejemplo que deben dar ellos mismos con su orden y dedicación.
   -Animar a los mayores para que ayuden a sus hermanos pequeños; esa responsabilidad les motivará para ser mejores.
   -Explicarles que en la vida lo primero que hay que sacar adelante son las obligaciones, luego vendrán las aficiones y la diversión.
   -Para ayudarles hay que ir soltándoles poco a poco, de pequeñas cosas a otras con algo más de dificultad, pero siempre deben de ser acordes con sus capacidades y, además es muy importante, felicitarles por los éxitos sean grandes o no.
   -Hacerles comprobar la felicidad que se obtiene dando y dándose, impulsando detalles de generosidad.
   -Que noten que se espera de ellos una respuesta positiva, que nos ilusiona; compaginándolo con una lógica comprensión hacia los defectos y fallos.

4) Cito a continuación algunos problemas que habitualmente se presentan y  que debemos evitar:
   -La falta de comunicación entre los miembros de la familia.
   -El desorden en los horarios.
   -El uso de la TV en las comidas que trae como consecuencia una falta de diálogo que lleve a la reflexión y al entendimiento.
   -Que cada uno vaya a lo suyo y sólo tenga interés por lo que le afecta.

* Conclusión: He aquí un resumen de un posible programa para que luchen nuestros hijos, mejor dicho, para que luchemos juntos, con ellos. Lo que sembremos hoy recogeremos mañana. Toda virtud requiere exigencia; ésta es nuestra misión, poner en práctica una exigencia amable, cariñosa, al servicio del educando, sin duda, buscando para él la verdadera felicidad.

No perdamos de vista que necesitan que vayamos delante, viviendo lo que exigimos y, si no lo logramos, al menos que nos vean luchar para conseguirlo, ésa será la mejor lección, no en balde se suele decir que el mejor predicador es “fray ejemplo”.


Alejandro González
(El Vigía)




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