21 jun. 2011

RESCATE DE UN ADOLESCENTE MANIPULADO

"BASADA EN UNA HISTORIA REAL"

Con esta frase al uso en algunas películas paso a relataros una historia que viví con un adolescente (vamos a llamarle Luis) hijo de un buen amigo (pongamos Antonio).

Luis es un muchacho de 16 años, bastante manipulado y con un sentido equivocado de la libertad. Su frase preferida: "soy libre y haré lo que quiera". Piensa que todo el que le exige en algo es porque le tiene manía; lo que no le dice nada ya no le interesa y no se para a reflexionar sobre el tema. Por supuesto que nada de disciplina y todo lo que quiere es no estar sujeto, por eso no acepta cosas como el horario y el orden.
Antonio no sabía qué hacer, mejor dicho, lo que hacía empeoraba la situación, así que un día me contó su problema pidiéndome un consejo o la ayuda que pudiera prestarle. Tras intercambiar varios detalles que me ayudaran a conocer mejor el asunto desde que se inició, pues el chico no era antes así, le pedí unos días para reflexionar, incluso pedir consejo, antes de decir o hacer algo.

Volví, al cabo de unos días, a hablar con mi amigo y le hice ver que era mejor que la solución se intentara por persona ajena al familia, sobre todo del padre y la madre, dado el grado de cerrazón por a que habían llegado ambos y el propio hijo. No se trataba de ir a un especialista clínico, eso podría hacerse si no lográbamos nada. Me ofrecí a ayudarles como amigo que conocía a Luis, pero tenía que comprender que no era cuestión de un día sino que necesitábamos que pudiera estar con él con cierta frecuencia.

Encontramos la solución aprovechando una afición que el muchacho tenía muchos deseos de practicar y que sus padres le habían vetado pues no estaban dispuestos, dado su comportamiento, a gastarse el dinero. Yo podía facilitarle su ejercicio un par de días a la semana y a eso nos agarramos. Un día pasé por su casa con una disculpa banal y como el que no sabe nada de nada le comenté, delante de sus padres, si quería venirse a practicar su afición conmigo dos tardes semanales. Una disimulada resistencia paterna, como habíamos acordado, resultó fácil de vencer. Obviemos detalles innecesarios y vayamos al desarrollo de los hechos posteriores, en los que me permito resaltar con este tipo de letra palabras o frases que considero claves para aplicar en este tipo de casos.

Aquello era lo mismo que educar un potrillo, así que todo tendría que ser con mucha paciencia y con una firmeza en los criterios fundamentales, envuelta en mucho cariño.

Empecé por demostrarle mi aprecio, haciéndole ver que me encantaba verle feliz y que, por eso habíamos puesto en marcha aquella diversión. A los pocos días ya la terminábamos con la toma de un refresco mientras comentábamos las incidencias de las prácticas de ese día y proyectábamos la siguiente jornada.

Busqué que lo pasara bien, que fuera feliz y, a pesar de la diferencia de edad, demostrar preocupación por sus cosas. Hay un lema, quizás ya lo he citado en otras ocasiones, que tuve que, no sin esfuerzo, practicar mucho: Escuchar no es estar de acuerdo sino respetar al otro.

Como es lógico no tardé en sacar el tema de la libertad. Le hablé de esa edad, la suya, maravillosa en que se aspira a ser libre, producto de una gran energía vital. Llegué a decirle que, en algunos aspectos, me daba envidia.

Cuando la cosa iba madurando le pude decir que, a veces, la buscamos donde no existe. Por ejemplo en ese hacer lo que me apetece, lo que me agrada y, si uno lo piensa siempre se hace algo por alguien, aunque egoístamente pueda siempre por mí mismo. Lo importante es encontrar esa persona o motivo que merezca la pena.

 Hubo que dejar pasar un tiempo, la paciencia es fundamental, como en el jardinero. Tarde o temprano se aborda el hablar sobre las personas que nos rodean y, dentro de ellas,  las que nos exigen más o menos. Ha llegado el gran momento, pero no precipitarse, hay que seguir con calma. Tener prisa puede llevar al fracaso.

Progresivamente, en los días siguientes, entre otros temas intrascendentes y divertidos, hay que ir colocando algunos como:
   - Solemos pensar que nos quieren más los que nos hacen la vida más fácil, y los que nos exigen nos tiene manía.
- Saber que los que se dejan llevar por los nervios y el temperamento, aunque no hacen bien, en el fondo lo que demuestran es cariño. Lo fácil sería pasar de nosotros y no lo hacen porque les gustaría vernos funcionar bien.
- El amor de verdad no nos deja caer en el precipicio, cueste lo que cueste y, en este caso, aunque consigan más nuestro desprecio que nuestro agradecimiento.
- Puede haber cosas de la vida de otros que no nos gusten (orden, horario, buenas costumbres…) pero tal vez deberíamos pensar, antes de juzgar, en los motivos por lo que lo hacen.
- Muchos de los que actúan o creen en cosas que no nos gustan no son tontos, alguno sí, pero no todos. Busquemos averiguar qué motivos les empuja actuar así.

 No hay que machacarle, dejarle la impresión de que sabemos que es un buen chaval, un "tío listo", por eso sabrá encontrar los caminos que le hagan feliz, que piense qué tenía antes y le falta ahora para estar muchos ratos malhumorado. Hay que esperar que algo de esas conversaciones vaya calando y le hagan pensar.

¿Cómo acaba la historia? Pues Luis, a lo largo de unos diez meses, fue mejorando. Sus padres con una actitud más positiva ayudaron mucho. El muchacho logró dirigir mejor el potrillo que llevaba dentro. Han pasado ya algunos años, hoy es un joven maduro que ha terminado su carrera, tiene novia y el futuro es suyo. 

Hasta aquí lo que pienso que puede interesar en relación con ciertas actitudes de los adolescentes. Considero importante, por si queréis repasarlo, lo que he señalado con este tipo de letra. Pero sobre todo es fundamental la actitud de los padres que no deben perder los nervios por difícil que se nos ponga el chico. El cariño mezclado con la impaciencia al ver que no es como quisiéramso suele ser una mala mezcla. Por ahí podríamos llegar a un punto de difícil retorno. Antes de que eso ocurra es preferible parar y acudir a la ayuda de otro familiar o amigo que tenga fácil acceso al hijo.


Alejandro González
(El Vigía)

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