29 jun. 2011

EDUCACIÓN Y FELICIDAD

Recuerdo una frase de Séneca que decía: “El sumo bien y la felicidad están en la virtud”. Otra vez volvemos a hablar de virtud, pero la culpa se la podéis echar a este antiguo filósofo que fue también otras cosas como escritor, orador y senador, pero no fraile ni siquiera cristiano, pero escribía sobre estos temas.

Pienso que no le faltaba razón al pensador cordobés, porque lo contrario , el dejarse llevar por los instintos y deseos que no son gobernados por ninguna virtud, asemeja a las personas a los animales. Este predominio de lo material sobre lo espiritual, pienso yo, que no pretendo ser como Séneca, nos hace menos humanos y por tanto menos felices.
He encontrado la siguiente definición de FELICIDAD: “Realidad espiritual, que conduce a querer algo que primeramente ha sido conocido como bueno. La felicidad equivale a alcanzar algo conocido y querido”.

Cuando pensamos en esto de ser felices aparecen enemigos de nuestra felicidad , como el dolor, el sufrimiento y la tristeza pero para llegar a ciertas conclusiones necesito antes exponer cómo son definidas por algunos autores:

- DOLOR: Sentimiento causado por la percepción de un mal que concierne a la subjetividad. Se produce cuando se vivencia un mal o se pierde un bien.

- SUFRIMIENTO: Sentimiento que se produce cuando un mal nos impide deleitarnos con un bien.

- TRISTEZA: Pasión negativa espiritual suscitada por la percepción de un mal inmaterial, como por ejemplo la muerte de un ser querido.

Tremenda diferencia la que podemos observar entre estas cuatro definiciones. Tenemos una en la que se habla de “realidad espiritual” (FELICIDAD) frente a otras señaladas como “sentimiento” (DOLOR y SUFRIMIENTO) o “pasión” (TRISTEZA). Tanto los sentimientos como las pasiones pertenecen a todo el reino animal, racional o no, mientras que las realidades espirituales son, en exclusiva, propias del ser humano. Por eso, a pesar de que vivimos en un mundo dominado por los sentimentalismos y las pasiones, quiero afirmar que las personas podemos ser felices a pesar de que tengamos dolores, sufrimientos y tristezas.

La educación y formación deben buscar, entre otros objetivos, prepararnos para que sepamos descubrir y luchar por conseguir la felicidad, incluso cuando haya circunstancias que puedan hacerlo complicado. En todo esto la familia, una vez más, tiene un especial protagonismo.

Los sentimientos y pasiones negativas son una realidad en la vida, como también lo es la busca de la felicidad. Si la educación busca preparar para la vida no podemos ignorar incluirlas en todo programa formativo en la familia y centros educativos. Por eso me atrevo a proponer los siguientes puntos a modo de conclusiones:

1- Uno de los fines de la educación debe ser el amor, es decir, la capacidad de amar que va muy unida con la capacidad de sufrir. Por ello la educación debe considerar este aspecto. Si bien no podemos decir que se educa para el dolor, al educar para el amor lo hacemos en cierta forma.

2- La educación se orienta al futuro, es una tarea de esperanza. Por eso el ser humano, que se va a encontrar con el dolor en su recorrido futuro, en su desarrollo, necesita ser formado para encontrar el sentido del dolor, así podrá aprovecharlo para lograr su mejora como persona.

3- El dolor, junto con el sufrimiento y la tristeza, afectan a la unidad de la persona, por lo que la educación debe enseñar a luchar contra ellos, no sólo para evitarlos si llegan sino para saber aprovecharlos y obtener de cosas negativas ”per se”, un bien para la mejora y la consecución de la felicidad.

No quiero filosofar más, sólo añadir que, como siempre, el ejemplo de los adultos de la familia es fundamental para la formación de los más jóvenes. La forma positiva y paciente con la que unos padres abordan y resuelven las pequeñas y grandes contrariedades ayudarán, más que mil discursos, a la formación de los hijos.
No olvidemos los abuelos, por razones de edad sometidos a dolores y achaques, que con su forma de encajarlos y saber convivir con ellos sin hacer dramas, podemos educar a los nietos en algo tan importante como es la capacidad de sufrimiento.

Termino con un deseo: que sepáis ser felices pase lo que pase en vuestra vida.

Alejandro González
(El Vigía)

1 comentario:

tarihiatzi dijo...

¡Excelente! llega en un buen momento,tiene mucha miga lo comparto con tu permiso, merece la pena. Gracias, muchas gracias. ¡ánimo y adelante! Paz y Bien
Cristina