8 jun. 2011

EDUCACIÓN PARA EL AMOR

Anda de nuevo en el ambiente el tema de la educación sexual. Realmente nunca se va del todo pero se pone más de moda en ciertos momentos en función de “movidas” motivadas por embarazos de adolescentes, que derivan o no en abortos, de intereses ideológicos y económicos u otras causas.
Como padres no podemos ni debemos obviar en la formación de nuestros hijos el asunto del sexo pues es una realidad de ser humano pero también hay que situarlo en el lugar que debe ocupar en la vida. Es un tema que está ahí pero otras cosas, muchas cosas, son importantes, incluso más, como la familia, el trabajo, la entrega a los demás y a un verdadero amor. Para esto último hay que preparar a los hijos y el amor incluye el sexo pero no sólo es eso. Este es el motivo que da origen al título de este artículo.
Debemos situar la atracción sexual en su lugar y no buscar el motivarla fuera de su órbita. Tenemos que desarrollarla en sus justos términos. Toda motivación extraña o violenta sólo consigue exacerbarla, estimularla fuera de tiempo y lugar.

En los medios de comunicación, escritos y visuales, o en internet, entre otros, encontramos factores de consumo con mensajes que pretenden estimular los instintos. La educación de la sobriedad es un acto de rebeldía frente al erotismo. Preparemos a nuestros hijos para que sepan distinguir entre el bien que les beneficia y el mal que les perjudica.

Además, si queremos prepararlos para el amor hablar que hablar con ellos de esos otros temas que lo constituyen como son:
- Enseñarles a dar, mejor dicho a darse, a compartir y que experimenten la felicidad de hacer felices a los demás.
- Educar en distintas virtudes humanas principalmente en la sinceridad, generosidad y sobriedad.
- Hay que sugerirle actos que puedan llegar a ser una muestra de generosidad, explicándole la necesidad que tiene alguna persona de recibir, para que se esfuercen y desarrollen un hábito de actuar en favor de los demás.

Llevar a cabo el trabajo que requiere esta tarea a veces no es fácil pues pueden darse, según los casos, alguna de las circunstancias que cito a continuación:
- Unos padres sin mucha formación, con los conceptos no muy claros sobre lo que deben hacer y, sobre todo, con miedo y reparos para hacer algo.
- Unos auxiliares escolares con ideas “avanzadas” y equivocadas, para los que el sexo lo es casi todo. Freud ha dejado su huella.

Ante todo esto la postura que pienso debe adoptarse es:
- Convencerse los padres de que son los primeros y principales educadores de los hijos.
- Ellos deben buscar la forma más adecuada y el momento oportuno para abordar el tema y continuarlo.
- El colegio es un auxiliar de los padres y deben dar conceptos técnicos, nunca morales que competen a los padres.
- Si algunos padres no abordan el tema, algún tutor, con mucho tacto y formación, puede completar esa educación, pero de forma individualizada, no el sistema de darlo en clase que frecuentemente se utiliza
- Cada persona es diferente, con su personalidad y características propias, por lo que no se puede generalizar. Es decir la educación para el amor es personal, individualizada. El lugar donde la persona es diferenciada y querida como es no es otro que la familia.

Cuando un hijo/a, normalmente en la adolescencia, se enamora no hay que alarmarse y si actuar con la cabeza pensando que:
- Ha descubierto el amor, ¡Qué maravilla! Es normal, por eso tratarle normalmente. No exagerar las circunstancias, ser normales.
-No enfrentarse, ni ridiculizar los defectos de la persona objeto de su amor.
- Hacerse muy amigos de su hijo/a, inspirarle confianza, no sólo la madre también el padre, y trabajar en equipo padre y madre.
- Dejar siempre abierta la puerta para seguir hablando cuando ese hijo/a quiera, que no dude en sacar sus preocupaciones con sus padres cuando lo necesite.

Finalmente, en esto de amar, dar y recibir, como en todo, es fundamental el ejemplo. Practicando la generosidad los padres tiene un recorrido gran parte del camino. Hacedles ver que esa entrega, que uno practica aunque a veces cansa, produce felicidad, porque como seres humanos necesitamos salir de nosotros mismos y también necesitamos de los demás. De igual forma los demás necesitan de nosotros. Ahí radica el secreto de las relaciones humanas, en dar y recibir. Que den poco a poco algo, cuando son pequeños poco, luego cada vez un poco más, y comprueben la felicidad que produce. Enseñarles cómo esas personas egoístas que nos rodean no son felices.

 
Alejandro González
(El Vigía)




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