26 may. 2011

UNOS PILARES PARA LA FORMACIÓN DE LOS HIJOS (I)

Los padres tenemos una responsabilidad importantísima en nuestras manos: Hacer de nuestros hijos personas válidas para la sociedad en que van a desarrollar su vida; pero no sólo válidas, sino también capaces de influir en la mejora de esa sociedad.
¿Cuál es el camino que debemos mostrarles? Sencillamente podríamos responder: El de las virtudes humanas que son como los pilares sobre los que tenemos que edificar lo que queremos que sean nuestros hijos.
Os invito a recorrer, deteniéndonos brevemente, alguno de los más importantes peldaños de la escalera que conduce a mejorar y perfeccionar al ser humano.

El reto que se nos presenta no parece fácil y realmente no lo es, pero, si sabemos encararlo con ilusión y optimismo, saldremos airosos y, además seremos felices creciendo con nuestros hijos, abriéndoles camino, viendo como con nuestro esfuerzo y el de ellos se realizan como personas.

La práctica de las virtudes es tan antigua como el hombre y los estudios más importantes sobre ellas arrancan ya desde Aristóteles y Platón. El primero señalaba como fundamentales cuatro, prudencia, justicia fortaleza y templanza, que se siguen considerando actualmente como las cabezas de la lista.

Vemos, pues, que no es un tema eclesiástico el hablar de esos buenos hábitos, las virtudes, palabra que, por esa connotación religiosa con la que algunos las señalan para despreciarlas, se han querido ir quitando del lenguaje moderno, por eso hoy más que de virtudes se habla de valores.

Sin ánimo de despreciar este también antiguo vocablo, valores, tan en uso hoy pienso que por complejos semánticos de esta época, me gusta más la palabra virtudes, de parecida edad, pero que, a mi entender, implica esfuerzo por adquirirlas y mantenerlas con una constante lucha y diaria. No es lo mismo, pienso, decir que una persona “tiene virtudes” que “tiene valores”, pues en el primer caso están unidos lo que se piensa y lo que se practica mientras que con la segunda se hace más referencia a las creencias o forma de pensar.

He encontrado la siguiente explicación, publicada en Ecojoven, que puede ayudar a entender mejor lo que quiero decir: "Entre los valores humanos, ocupan un puesto preponderante las virtudes humanas. La palabra virtud, del latín virtus, igual que su equivalente griego, areté, significa "cualidad excelente", "disposición habitual a obrar bien en sentido moral". Puesto que se trata de una disposición o capacidad adquirida, por el ejercicio y el aprendizaje, de hacer lo que es moralmente bueno, la virtud es una cualidad de la voluntad que supone un bien para uno mismo o para los demás."

Dejemos a un lado la posible discusión sobre los significados de las frases, que no es mi objetivo, y pasemos a hablar del asunto a que se refiere el título de este artículo.

Una relación de todas las virtudes sería muy extensa, así que, además de las cuatro ya citadas podemos considerar como importantes otras como la laboriosidad, perseverancia, sencillez, sinceridad lealtad, orden, desprendimiento, respeto, desprendimiento, generosidad, humildad, alegría, responsabilidad, sociabilidad, patriotismo, obediencia, humildad…………….Al ir escribiéndolas uno se va dando cuenta que, por desgracia, no son materia muy de moda para bastantes personas.

Ante semejante lista nos podemos asustar y no saber por dónde empezar para no volver locos a los hijos con tantas cosas a practicar. No se puede determinar cuál es la principal, pero tampoco consiste la educación en ayudar a practicar una o varias virtudes, hay que luchar por todas, ya que todas están entrelazadas. Esto puede asustarnos aún más pues parece una locura intentar que unos niños o jóvenes aborden una lucha tan desigual.

Lo primero que debemos saber es que la lucha en un tema arrastra, sin que nos demos cuenta, la práctica de otros. Podría decirse que virtud arrastra a virtud. Además si es cierto que se adquieren por repetición de actos, también lo es que debemos procurar que cada hijo luche en aquello concreto que más necesita; los padres se lo deben ir mostrando. Hay que saber insistir, porque a la primera no se logra; pero esa insistencia debe ser amable y motivadora.

Para todo esto no sólo hace falta esfuerzo y dedicación también imaginación. Hay que buscar la oportunidad de exponerles lo que se espera de ellos y hacerlo de forma interesante, todo será poco pues ese espíritu de colaboración es vital para su futuro en la sociedad. Para que lo comprendan bien tienen que ver vivirlo en sus padres.

Dejemos pendiente, para no hacer esto más extenso, concretar algunos otros aspectos. Será en la próxima entrega.

Alejandro González
(El Vigía)





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