13 may. 2011

LA FAMILIA EN EL DESARROLLO DE LA SOCIEDAD

JUAN PABLO II HABLÓ DE LA FAMILIA CON RAZONAMIENTOS VÁLIDOS PARA TODOS, CREYENTES O NO. (PARTE II)


 

“La familia posee vínculos vitales y orgánicos con la sociedad, porque constituye su fundamento y alimento continuo mediante su función de servicio a la vida. En efecto, de la familia nacen los ciudadanos, y éstos encuentran en ella la primera escuela de esas virtudes sociales, que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma.

Así, la familia, en virtud de su naturaleza y vocación, lejos de encerrarse en sí misma, se abre a las demás familias y a la sociedad, asumiendo su función social.”
Con estas frases, también de Juan Pablo II, inicio mi artículo de hoy, que como el anterior es más de él que mío. No me resisto a seguir transcribiendo algunas cosas de lo que nos dijo sobre la célula fundamental y vital de la sociedad. Sobre todo porque están dichas, como ya comenté, desde un punto de vista tan humano y racional que valen para creyentes y no creyentes. Los aspectos religiosos los dejo para que los escriban y comenten los expertos en estos temas.

* Continúa comentando cómo aspectos de la vida familiar sirven como experiencia de unión en común (comunión) y participación social:

La misma experiencia de comunión y participación que debe caracterizar la vida diaria de la familia, representa su primera y fundamental aportación a la sociedad.

Las relaciones entre los miembros de la comunidad familiar están inspiradas y guiadas por la ley de la gratuidad que, respetando y favoreciendo en todos y cada uno la dignidad personal como único título de valor, se hace acogida cordial, encuentros y diálogo, disponibilidad desinteresada, servicio generoso y solidaridad profunda.

Así la promoción de una auténtica y madura comunión de personas en la familia se convierte en la primera e insustituible escuela de formación de seres sociales, ejemplo y estímulo para las relaciones comunitarias más amplias en un clima de respeto, justicia, diálogo y amor.

De este modo, la familia constituye el lugar natural y el instrumento más eficaz de humanización y de personalización de la sociedad: colabora de manera original y profunda en la construcción del mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular custodiando y transmitiendo las virtudes y los valores.

En la familia las distintas generaciones coinciden y se ayudan mutuamente a lograr una mayor sabiduría y a armonizar los derechos de las personas con las demás exigencias de la vida social.

Como consecuencia, de cara a una sociedad que corre el peligro de ser cada vez más despersonalizada y masificada, y, por tanto, inhumana y deshumanizadora, con los resultados negativos de tantas formas de evasión- como son, por ejemplo, el alcoholismo la droga y el mismo terrorismo-, la familia posee y comunica todavía hoy energías formidables, capaces de sacar al hombre del anonimato, de mantenerlo consciente de su dignidad personal, de enriquecerlo con profunda humanidad y de injertarlo activamente con su unicidad e irrepetibilidad en el tejido social.

* Importantes párrafos, en mi opinión, los que transcribo a continuación en el que completa aspectos muy interesantes sobre la función social y política de la familia:

La función social de la familia no puede, ciertamente, reducirse a la acción procreadora y educativa, aunque encuentra en ella su primera e insustituible forma de expresión.

Las familias, tanto solas como asociadas, pueden y deben, por tanto, dedicarse a muchas obras de servicio social, especialmente en favor de los pobres y de todas aquellas personas y situaciones a las que no logra llegar la organización de previsión y asistencia de las autoridades públicas.

La aportación social de la familia tiene su originalidad, que exige se la conozca mejor y se la apoye más decididamente, sobre todo a medida que los hijos crecen, implicando de hecho lo más posible a todos sus miembros.

En especial hay que destacar la importancia cada vez mayor que en nuestra sociedad asume la hospitalidad, en todas sus formas, desde el abrir la puerta de la propia casa, y más aún la del propio corazón, a las peticiones de los hermanos, al compromiso concreto de asegurar a cada familia su casa, como ambiente natural que la conserva y la hace crecer.

La función social de las familias está llamada a manifestarse, también en la forma de intervención política, es decir, las familias deben ser la primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia. En este sentido las familias deben crecer en la conciencia de ser de la llamada , y asumirse la responsabilidad de transformar la sociedad; de otro modo las familia serán las primeras víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia.”

   Termino aquí para no hacerlo muy extenso pero ya manifiesto mi intención de volver, la semana que viene con otra entrega, la tercera y última, de una pincelada de lo mucho que este gigante humano ha dejado legado a las familias y a todos los hombres de buena voluntad, creyentes de cualquier religión o no creyentes.
 Además la acompañaré con la foto final que cierra la secuencia del hecho vivido entre mi tercer y cuarto hijos en una audiencia de Juan Pablo II.

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- NOTA: Lo escrito está copiado del documento titulado FAMILIARIS CONSORTIO, escrito por Juan Pablo II en 1981.
Alejandro González
(El Vigía)

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3 comentarios:

Carlos dijo...

Que majo el niño!!!

Anónimo dijo...

no mentiras, me encanta realmente es buenísimo... no sabes como me a ayudado.... de verdad muchas gracias....

El Vigía dijo...

Anónimo, me alegro que te haya servido. Gracias por leerme y por el comentario.