23 abr. 2011

SOBRE UN ABUELO Y SU NIETO

Hace tiempo conocí una pareja que, poco a poco, despertó mi interés, eran un abuelo y su nieto a los que veía frecuentemente juntos y disfrutando de una estupenda camaradería. Coincidíamos de paso en algunas zonas de la ciudad y, finalmente, me atreví a entablar una conversación con ellos. Así supe que el abuelo tenía 68 años, era funcionario de correos jubilado. Tiene 4 hijos de los cuales sólo uno vive en la misma ciudad. De este hijo es el nieto de nuestra historia, que tenía 11 años y tiene una hermana tres años menor.
Resumo lo que traté con ambos y pretendo sacar algunas conclusiones que pueden ayudar a los que ejercen o ejercerán ese rol en la familia. Tomadlo como un aperitivo de cosas de las que, con más profundidad, hablaré en el futuro.
*El abuelo me comentó que se ven un par de veces por semana, unas porque le acoge, junto a sus padres y hermana, en su casa para comer los domingos y otras le espera a la salida del colegio para acompañarle hasta el domicilio de sus padres. Esto no suele hacerlo mucho por no interferir sus relaciones con los amigos de clase. Además en alguna ocasión han ido juntos al fútbol.

Ante mi interés por saber de qué suelen hablar me responde que de cosas muy diversas como los estudios, sus amigos, deportes (sobre todo de fútbol). También responde a sus preguntas sobre las cosas más variadas. En resumen que de todo lo que sale, no hay tema fijo.

Reconoce que suele ceder bastante a sus caprichos. Se siente tan blando ante el muchacho que le permite cosillas que nunca consintió a sus hijos. Se trata de cosas poco importantes, chucherías, cuentos, cromos y cosas así. También le da alguna propina, pero poca cantidad porque no le gusta que los niños manejen mucho dinero.

Cuando la conversación con el abuelo deriva hacia los padres del chico me comenta que les habla algo sobre ellos, sobre todo de cosas de la infancia del padre. Si aparece el tema de sus “problemas” en casa, que si le riñen, que no le consienten esto o aquello…. procura quitarle importancia y hacerle comprender que es por su bien y que sus padres le quieren mucho, más que nadie.

Corregirle no le gusta mucho, considera que es un buen crío y, además, no es partidario de los sermones. Aunque procura enseñarle cosas formativas, como su obligación de estudiar, que sea aplicado para llegar a ser un buen profesional de lo que le gusta ser. También procura hablarle algo de cosas relacionadas con las creencias religiosas porque sus padres están bastante apartados de esos asuntos. Su frase lo explica todo “procuro ser feliz con él y que lo sea conmigo”.

*La conversación con el nieto no pudo ser tan fluida pero era de esperar por su edad y la presencia del abuelo. No obstante hay detalles interesantes como el que lo considera un "tío estupendo" con el que le gusta hablar cuando necesita algo; valora mucho lo bien que le comprende, cómo se preocupa por sus cosas y que no le grita cuando le explica algo como hace su padre. Para terminar me confiesa que estaría más con él pero también le apetece ir con sus amigos con los que se lo pasa muy bien de otra manera.

*Me separO de mis amigos y mientras me alejo de ellos voy sacando unas conclusiones que no vienen mal para tantos abuelos que hoy, por circunstancias bien conocidas, pasan bastante tiempo con sus nietos:

- El abuelo ha encontrado en su nieto una alegría que le rejuvenece y sabe descender muy bien al nivel del nieto, a sus cosas y gustos.

- La relación se ve facilitada por una afición común como es el fútbol.

- Es positiva su actitud de hablarle bien de los padres y, sobre todo, que le exigen porque le quieren.

- El animarle a ser estudioso y trabajador sirve para despertar su sentido de la responsabilidad ante las obligaciones que le va marcando la vida.

- La calma que dan los años y no tener las obligaciones de un padre le ayudan a realizar una buena labor sin ser pesado.

- La comprensión y tranquilidad hacen que el muchacho atienda mucho a sus consejos.

- Ha conseguido el aprecio de su nieto que le ha convertido en su enciclopedia de consulta futbolística y, como consecuencia, de otras muchas cosas.

- Un abuelo que sepa actuar oportunamente puede ser una gran ayuda en la familia, siempre que no intente suplantar a los padres que son los responsables de la formación de los hijos.

Alejandro González
(El Vigía)

c ***




1 comentario:

Nuria dijo...

Que los abuelos tienen un papel fundamental en el desarrollo emocional del niño y en la estructuración que en su mente va haciendo de lo que debe ser una familia, creo que es de todos conocido. EL problema surge, en mi opinión, porque esta teoría no siempre se lleva a la práctica: a veces se abusa de los abuelos, en aras de su necesidad de ayuda como "canguros"; otras veces,los abuelos no saben ocupar ese lugar en el que ya no tienen que reñir, ni educar a los nietos y, amparándose en que "los padres de ahora no sabemos educar a nuestros hijos",crean situaciones conflictivas en la familia de las que es difícil salir sin hacer daño en alguna dirección.
Debería haber "clases para abuelos", pues su labor es fundamental (y no me refiero a la de "canguro"), sino para aportar al niño una serie de vivencias y valores de que un adulto que le quiere (fundamental), pero que no tiene que educarle; puede guiarle en aquellos campos en los que a los padres nos resulta difícil entrar, o incluso nuestros hijos nos vetan, pero dan paso a los abuelos. Y también tienen la misión de transmitir tradiciones familiares, y la propia historia de la familia,además de suponer una refencia moral para los nietos de gran valor.
En fin, que ójala muchos abuelos fueran como los de su historia.
Gracias a todos ellos