12 feb. 2011

CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS (XIV) / *CONFIANZA Y EXIGENCIA EN LA FAMILIA

La confianza entre padres e hijos debe transitar por un camino de ida y vuelta . Podríamos resumirlo diciendo que debemos confiar en nuestros hijos para que ellos confíen en nosotros; llegar a esto, como a toda meta positiva de la vida, cuesta esfuerzo y requiere unos procedimientos. Sobre estas condiciones básicas, a poner en práctica en las relaciones familiares, trata el diálogo de hoy entre Álvaro, preocupado por conseguir esa confianza con sus hijos, y su padre Luciano, que vuelca en la conversación la experiencia de sus años y de haber sacado adelante una familia numerosa.
 
 NOTA: Si al ir leyendo lo que sigue no sabes quienes son los protagonistas del diálogo te aconsejo hagas click en la etiqueta "F-CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS", y busca allí el artículo inicial titulado "INTRODUCCIÓN".
* Los hijos, comenta Álvaro, deberían confiar en nosotros, aunque sólo fuera basándose en que deseamos lo mejor para ellos. A pesar de eso, la vida enseña que, en ocasiones, no se da y, en otras esa confianza no es total.
+ Tienes que comprender, responde Luciano, que las cosas no siempre son como queremos los padres, muchas veces sin culpa nuestra y sin que sepamos el por qué. Nos queda la posibilidad de poner en práctica fórmulas que nos ayuden a conseguirlo. Inicialmente conviene exigir en lo fundamental, tratando que eso que consideramos tan fundamental no sean muchas cosas; de esta forma facilitaremos que la exigencia y la confianza sean compatibles.

* Con esa fórmula me obligas a seleccionar entre las muchas posibilidades que que uno debe tener en cuenta para la educación. Además pienso que, una vez escogidos los aspectos fundamentales, tengo que no aflojar en la exigencia pues de esta forma ven los chicos que las considero importantes. No es sencillo el planteamiento y tengo que añadir que se necesita paciencia y perseverancia.

+ No llevas mal camino, pero ahí no acaba todo, también es importante buscar el momento adecuado para exigir. No es bueno, por ejemplo, querer que cumplan un encargo que puede esperar, cuando están entretenidos en un juego o viendo un partido de fútbol. Si nos empeñamos en conseguirlo lograremos exasperarlos. También será necesario explicarles desde pequeños, de forma adecuada a cada edad, por qué todos tenemos que seguir unas líneas de obediencia en la vida.

* Pero la obediencia de nuestros hijos no es una concesión que nos hacen, es un derecho de los padres. Esto deben saberlo y si no lo entienden así habrá que explicárselo, sin malos modos, con paciencia, pero tienen que terminar por aceptar, de una u otra forma, que al final su obligación es obedecer.

+ Si existe el  cariño que debe haber en el seno de toda familia aceptarán esta obligación y la cumplirán con gusto. Con diálogo y conocimiento mutuo comprenderán que los padres confían en su colaboración en forma de obediencia en aquello que sea razonable para su mejor desarrollo y educación. Si hacemos que el sistema funcione podremos comprobar que incluso se esfuerzan por no defraudarnos.

* Nada de lo que dices resulta fácil de poner en práctica, la principal dificultad que observo es llevar ese convencimiento a los hijos, sobre todo cuando se encuentran en la edad adolescente y son más rebeldes.

+ Como tantas otras veces te he comentado, a esa edad de la rebeldía se llega tras pasar por otras etapas del crecimiento y de la educación. Es en estas etapas anteriores donde hay que poner los fundamentos para que el asunto no se convierta en un problema después. Realmente no es fácil, pero menos lo será si los padres no van por delante en el camino, es decir, los hijos tiene que observar que intentamos mejorar en lo que exigimos.

* Pero puede ocurrir que uno luche por ser mejor y no lo consiga. Este fracaso a la vista de los hijos puede hacerles pensar que el éxito es imposible. La consecuencia puede ser su desmoralización.

+ Lo primero que, en este caso, verán los chicos el esfuerzo de un padre o de una madre. Este espíritu de lucha visto en sus mayores animará a los jóvenes. Además, si tú tienes un defecto sin corregir pero luchas tienes la suficiente autoridad moral para exigir lo mismo a tus hijos. Ese es el camino porque, por otra parte, no puedes esperar a ser perfecto para enseñarles a ellos, eso a poco que  pienses deducirás que es absurdo.

* Empezamos hablando de confianza y terminamos tratando de exigencia hacia ellos y hacia nosotros. ¿Tan relacionadas están?

+ Por supuesto; la confianza, en estas relaciones paterno-filiales, es muy necesaria para educar, y la educación es cariño, exigencia y ejemplo. En resumen, que sembrando confianza se recoge lo mismo, sobre todo cuando esa siembra busca como fruto la felicidad familiar y se riega la planta con buen humor, alegría y optimismo.

Alejandro González
(El Vigía)

                    











1 comentario:

Anónimo dijo...

Está muy bien Alejandro, me ha gustado mucho. Animo y hasta el siguiente.
Un abrazo
Angel