6 feb. 2011

CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS (XIII) / * PARTICIPACIÓN DE LOS HIJOS EN LA FAMILIA


La conversación que hace unos días les contaba entre mi amigo Álvaro y su padre, Luciano, en la que el primero exponía otra de sus preocupaciones no terminaba con el final de lo escrito. El tema que habíamos llamado "Construir el hogar con los hijos" derivó hacia unos derroteros más prácticos, de más aplicación a nuestra vida familiar, que no me resisto a

contarles. NOTA: Si al ir leyendo lo que sigue no sabes quienes son los protagonistas del diálogo te aconsejo hagas click en la etiqueta "F-CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS", y busca allí el artículo inicial titulado "INTRODUCCIÓN".
* Esa teoría tuya, comentaba Álvaro, sobre que los hijos compartan los intereses familiares está muy bien, pero ya me contarás quién es capaz de trasladarlo al vivir diario.

+ Reconozco que no es fácil, responde Luciano, pero existe un método de aplicación compuesto de diversas partes que, si eres capaz de ponerlo en funcionamiento, te ayudará a tener éxito.  Lo primero es crear un clima de confianza, basado en aprovechar todos los momentos para dialogar con tus hijos. Ellos tienen que estar convencidos de que se les va a escuchar y que sus comentarios no van a producir nuestro enfado aunque no los compartamos.

* Vamos a suponer que se logra esa comunicación, que en casa  se habla sin incomprensiones ni intolerancias y que el cariño existe en nuestras relaciones ¿cuál es el paso siguiente?

+ Se deben utilizar las actividades del hogar. Son muchas las cosas que pueden repartirse entre todos para lograr una colaboración en la tarea de sacar adelante la casa y la familia. Ordenar, hacer compras, sacar la basura, limpiar los adornos, proyectar excursiones, son unos ejemplos de la enorme lista que puedes confeccionar pensando un poco. Una vez hecha esa lista es cuestión de asignarlas en responsabilidad a cada uno de los miembros de la familia.

* Hemos cubierto los objetivos parciales. Tenemos que seguir con el tema y me interesaría entrar en lo que me decías que era lo importante: "que los hijos aprendan a dar y recibir".

+ No existen, como en todas las facetas de la educación, reglas fijas. A los padres nos gustaría tener un libro de recetas de inmediata aplicación pero es imposible porque cada hijo es diferente.
  Es importante tener en cuenta la edad. Se puede iniciar el tema desde muy pronto, aunque un niño a los tres años no aprecie el valor de lo que da puede iniciarse la formación en este aspecto. Incluso aunque dé, con cierto interés infantil, va aprendiendo a desprenderse de cosas que, en muchos casos, no sirven de mucho para el que las recibe.

* La dificultad se presenta cuando crecen pues por una parte les cuesta más y, por otra, uno no sabe qué debe pedir y qué pueden dar.

+ Lo que se ha iniciado en las primeras edades, hay que continuar alimentándolo año tras año, además de adecuarlo a la edad. Se empieza por dar una pelota, una muñeca o un dulce. Sigue luego el desprenderse de otras cosas materiales acordes con una edad superior. Se termina porque den a los que les rodean tiempo para ayudarles o escucharles y, también, pueden dar comprensión, ánimo o alegría.

* Como siempre, todos los temas que hemos tratado no acaban nunca, es un continuo ejercicio de dedicación y paciencia. Pero pasando a otro posible aspecto que has esbozado, se trata de un intercambio de información. ¿En qué consiste esto dentro de las relaciones con los hijos?

+ Se trata de una estupenda forma de participar en el hogar, dando información a los hijos y recibiéndola de ellos. Con este sistema de mutuas consultas se evitan muchos conflictos, porque los hijos, sabiendo que las decisiones las toman los padres, se dan cuenta de que sus opiniones se escuchan e, incluso muchas veces, se tienen en cuenta total o parcialmente.

* Ya te veo venir, como en tantas otras ocasiones volvemos al tema principal: dedicar tiempo a la familia. Se necesita ese tiempo para hablar en grupo o tratar con un hijo a solas. No creas que es fácil cumplir el propósito.

+ Si pones imaginación encontrarás oportunidades. Un rato de tertulia en la comida o tras ella, una excursión de un día festivo, acompañarles hasta el colegio charlando de cosas, incluso, si es mayorcito y tiene tiempo,  que lo haga él hasta nuestro trabajo, son algunas de esas ocasiones que puedes buscar. Después tienes que pensar en los demás, empezando por lo que interesa a los chicos y no a ti. Deportes y relaciones con sus amigos, por ejemplo, permiten iniciar la conversación que, sin prisas, en el momento oportuno y con picardía, llevarás al terreno que interesa.

* A veces uno se encuentra  con el problema de que los hijos creen que por escucharles hay que realizar lo que ellos opinan y ante esa actitud hay que escoger el no abrir la conversación. Pero, también si hablan y te callas pueden pensar que tienen la razón. Como ves es un  pequeño lío.

+ Callar puede ser bueno, sobre todo si no se tiene la respuesta adecuada. Después, tras reflexionar, se deja pasar algo de tiempo y se aclaran las cosas. Incluso se les puede facilitar algún libro, escrito o similar que puedan aclarar sus conceptos. Con esto se les enseña a informarse, buscando la información adecuada antes de exponer sus criterios, sobre todo en temas importantes.

* Tienes respuesta para todo, reconozco que lo presentas bien, pero los padres no lo tenemos tan sencillo. Pasar del trato de cuando son pequeños al que se necesita cuando crecen tiene sus dificultades. Ellos unas veces se inhiben, otras se refugian en la calle y los amigos, con lo cual no encuentras el camino para rectificar.

+ Claro, el tema de los hijos no es sencillo, por eso hablamos una y otra vez sin encontrar la receta perfecta. Para todo este asunto del diálogo y la participación se me ocurre una norma básica, la podríamos llamar "cultivar la lealtad". Ser leales los padres y los hijos, comentar cuando ya están esa edad más difícil, lo que falla y lo que se piensa, todo con una gran delicadeza y respeto. Por este camino podremos hacer de nuestros hijos unas personas libres y responsables para integrarse en la sociedad que les espera, contribuyendo con su actitud a mejorarla.
  Alguien ha definido a la familia como la democracia más pequeña en el corazón de la sociedad y, para que sea verdadera democracia, hay que saber compaginar libertad, responsabilidad, participación y autoridad que siempre corresponde a los padres y deben ejercerla en bien y servicio del conjunto.

Alejandro González 
 (El Vigía)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Buenisimoo!
Cuesta comunicarse efectivamente

EL VIGÍA DE LA ATALAYA dijo...

Gracias, anónimo, pero si es difícil no debemos dejar de intentarlo. Si estás en ello que tengas suerte,