28 ene. 2011

CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS (XI) / *EDUCACIÓN DESDE LA INFANCIA

El crecimiento como personas de un niño tiene momentos de rápido progreso y otros de auténticos parones. Se suceden etapas distintas que requieren tratamientos diferentes. Además es necesaria una dedicación individualizada ya que la edad, el carácter, la personalidad e, incluso, el sexo hacen que cada hijo no sea igual a sus hermanos. Álvaro viene escuchando a su padre que, en la educación de sus hijos, son muy importantes los primeros años. Esto ha motivado que en la última de sus conversaciones el tema gire en torno a esas edades, sobre todo porque con Carmen, la pequeña, desea poner todo el esmero posible desde los comienzos.

NOTA: Si al ir leyendo lo que sigue no sabes quienes son los protagonistas del diálogo te aconsejo hagas click en la etiqueta "F-CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS", y busca allí el artículo inicial titulado "INTRODUCCIÓN".
+ Tienes que tener muy presente, comenta Luciano, que tu hija irá pasando por esas etapas diferenciadas en que los expertos dividen la infancia: Hasta los 3 años (época de la curiosidad), de los 3 a los 6 años (edad de los porqués) y, finalmente, desde esta última edad hasta los 12 años (donde abandona las fantasías e inicia amistades fuera de la familia). Son unos rasgos muy generales los que te cito y, sobre todo, no pueden tomarse los números de los años como una cosa exacta.

* Compruebo que has leído lo que se escribe sobre el tema en diversos textos especializados que también tengo, pero la vida exige poner en práctica esas cosas día a día. Yo me veo ahora en la necesidad de aplicarlas a mi hija que a sus cinco años es una responsabilidad y un reto cara al futuro. Además, con los mayores me desahogo con sermones pero ésta pasa de mí y no sé cómo explicarle las cosas.

+ Por supuesto que no es la época de los sermones, que no son convenientes a ninguna edad, pero en ésa, con escasa capacidad para discernir, la educación debe ir por otros derroteros. Es, sobre todo, el momento de la obediencia que le permitirá obtener una orientación para comprender los caminos a seguir en el futuro.

* Además de esa obediencia, pienso que también sería bueno que aprenda a ser responsable, a comprender que la vida tiene obligaciones , por supuesto con arreglo a su capacidad de niña, . Me parece una etapa interesante para que se inicie en las buenas costumbres.

+ Tienes dos caminos; la exigencia y la orientación, pero la dificultad estriba en saber compaginarlas. Para los niños es muy importante aprender a obedecer, pero debemos exigirles de una forma razonable. No en todo se debe exigir igual, dependerá del hijo y de la importancia del tema. Es decir que en aquello que va cumpliendo conviene no meterse, tal vez habrá que hacerlo más adelante, por el contrario habrá que atacar en las cosas importantes en que flojea.

* Deduzco que me propones un equilibrio adecuado, que, en la práctica,  se traduce en seleccionar cuestiones, dando prioridad a unas sobre otras, exigir en lo principal y ser flexible en lo secundario.

+ Te propongo eso y además que sepas exigir según una finalidad, no es lo mismo querer que un hijo actúe a buscar que piense. La expresión verbal en cada caso será diferente.
También debes conocer que un proceso de exigencia implica información, explicación, orden de mando y comprobar su cumplimiento.

* Todo eso parece como muy serio o muy duro para hablar de un personaje de pocos años. Pienso que cualquier persona necesita una motivación y la mía para exigirle será muy diferente a la que ella necesita para obedecer.

+ Toda  persona, hijo, necesita un por qué para actuar y precisamente se lo estaremos dando al informarle sobre lo que queremos de ella. El niño pequeño no requerirá grandes motivos intelectuales, sino más bien afectivos, hará las cosas por cariño a sus padres, un premio o un castigo. Debemos buscar motivaciones positivas y dar ejemplo, conviene que nos vean hacer cosas similares a las que les pedimos.

* Esta motivación afectiva no parece difícil, lo complicado es, a esas edades, ayudarles a razonar y, más aún, saber hasta que punto es capaz de ese raciocinio. No sería lógico exigirle que piense sin que sepa hacerlo.

+ Por eso lo normal es ayudarle mucho, sobre todo al principio. Nuestro interés por ver que lo consigue será su principal estímulo, luego dejas que vaya sola poco a poco. Es un mecanismo de enseñanza parecido al que usaste para que aprendiera a andar. La confianza en sus padres es lo que ayuda a que un niño se suelte en la vida.

* Aprovechando esa comparación con los primeros pasos, se me ocurre pensar que en otros aspectos de la vida aprenderá de sus pequeños fracasos, y comprobará sus limitaciones y la necesidad que tiene de ayuda.

+ Desde luego y bueno es que aprenda pronto a luchar, a conocerse y a tomar iniciativas ya desde pequeña, pero no podemos pretender que actúe como nosotros, con nuestros criterios. Si consideramos que nuestros principios y formas de vida son válidos, lo que tendremos que hacer es presentarle atractivamente lo que en su caso convenga, no imponerlos. La manera más fácil es vivirlos, dejar que los vean hechos realidad en nuestra vida y no habrá mejor argumento para convencer.



Alejandro González

(El Vigía)



 








 

 


 


2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡¡Muy bueno, Alejandro!! Gervas

EL VIGÍA DE LA ATALAYA dijo...

Gracias, amigo, pues sigue viendo cosas y pásalo para que otros aprovechen algo, si es que merece la pena.