14 ene. 2011

CONVERSACIONES SOBRE LOS HIJOS (VII) / *REACCIONAR ANTE LA CRISIS

PUERTO DE LA CRUZ (Tenerife)
Imagino que al leer el título de esta nueva entrega has pensado en la situación económica que nos rodea y tanto nos afecta y preocupa. Pues no mi querido lector/a no es ese mi tema porque hoy nuestros amigos, Luciano y su hijo Álvaro, abordan la situación que produce esa otra crisis, la falta de valores y el descaro con el que se plantean, viven y admiten hechos o situaciones bajo un prisma relativista que está minando los fundamentos de nuestra civilización. Además pienso que esta crisis moral ha sido una de las causas, quizás la principal, de la económica.

UN INCISO: Si no conoces quiénes son las personas que interviene en estos diálogos están descritos en el primer artículo de estas historias que denominé INTRODUCCIÓN .......Pinchando aquí puedes verlo:
http://atalayafamiliar.blogspot.com.es/2010/12/conversaciones-sobre-los-hijos-i.html
* Hoy, dice Álvaro, he tenido una conversación mi amigo Edu, no pongas esa cara padre que lo conoces pues es el hijo de Rosa, la amiga de mamá, el hombre anda preocupado con lo que él llama la crisis de las virtudes y me ha extrañado que no haya dicho crisis de valores como todo el mundo.

+ A mí no me extraña nada porque desde que empezó esa terminología pensé que era una manera más de hablar de cosas que no obligan al compromiso. Estamos en una manipulación del lenguaje que trata de llevarnos a la confusión para que sea real esa típica frase que dice “a río revuelto ganancia de pescadores”. Existen expertos pescadores que aprovecha ese confusionismo para socavar principios éticos y de convivencia que hasta ahora eran como los pilares de nuestra civilización.

* Pero, ¿tú ves diferencias en eso de tener valores o virtudes, realmente es tan importante?

+ Claro que las veo, es un tema de semántica pero que, en muchos casos, esconde una falta de interés por hacerlos parte de la propia vida. Mira, hijo, me parece que hablar de valores es tratar de cosas buenas pero sin ningún o con poco compromiso de seguirlas. Es algo así como pensar que tales ideas o principios son buenos pero no pasar de ahí, es decir falta compromiso, palabra o postura que hoy no gusta mucho.

* Entonces el hablar de virtudes, según tu opinión, compromete más.

+ A la palabra virtud se le ha atribuido un sentido religioso que ocasiona que a muchas personas no les guste y pretendan cambiarla en su modo de hablar. Existen virtudes religiosas, claro que sí, pero también otras humanas como la amistad, laboriosidad, la honradez, la lealtad, la abnegación, etc., etc. Como ves ser una persona virtuosa no es cosa sólo de curas, frailes y monjas. El tener virtudes, a diferencia de tener valores, implica, al menos para mí, un espíritu de lucha para vivirlas y, aunque nuestra debilidad personal haga que se tengan fallos, esa persona corrige una y otra vez para seguir en el camino correcto. Esto me gusta más porque implica compromiso. Muchos manipuladores de hoy quieren las personas menos comprometidas, vamos, interesan los borreguitos en los que es fácil influir con las ideas que a ellos les interesa. Se pretende llegar a la manipulación de la persona, entre otras formas, por la perversión del lenguaje.

* Vamos que tú coincides con mi amigo Edu y con lo que dice el pensamiento que aparece en este escrito que me ha sacado de internet mi también amigo Chano.
Luciano lee una parte de este texto que dice lo siguiente:
“En el período del declive del Imperio Romano la disolución de los ordenamientos que sustentaban el derecho y de las actitudes morales de fondo, que les daban fuerza, provocaron la ruptura de los muros que hasta ese momento habían protegido la convivencia pacífica entre los hombres. Un mundo estaba llegando a su ocaso.
También hoy el mundo, con todas sus nuevas esperanzas, está, al mismo tiempo, angustiado por la impresión de que el consenso moral se está disolviendo, un consenso sin el cual no funcionan las estructuras jurídicas y políticas; por consiguiente, las fuerzas movilizadas para defender dichas estructuras parecen estar destinadas al fracaso.
Para oponerse a estas fuerzas debemos echar una mirada a sus fundamentos ideológicos. En los años setenta, se afirmaba —incluso en el ámbito de la teología católica— que no existía ni el mal ni el bien en sí mismos. Existía sólo un «mejor que» y un «peor que». No habría nada bueno o malo en sí mismo. Todo dependía de las circunstancias y de los fines que se pretendían. Dependiendo de los objetivos y las circunstancias, todo podría ser bueno o malo. La moral fue sustituida por un cálculo de las consecuencias, y por eso mismo deja de existir.
Los efectos de tales teorías saltan hoy a la vista.”

- Vaya no está mal y coincido con el autor pero no desde ahora sino que ya empecé a pensar así en esos años setenta. Tenía algo más de 20 años cuando personas sensatas, entre ellos mi padre, me alertaron del inicio de esa fase. Recuerdo que se lo comenté a algún compañero y hubo quien me llamó catastrofista, ultra y no sé que más cosas. Reconozco que durante cierto tiempo no fui consecuente pues era más fácil seguir las nuevas modas. Eso duró unos años, hasta que, visto lo poco feliz que me hacían aquellas cosas y cansado de ellas, crucé de nuevo el río y reanudé el camino por la orilla de la sensatez.

* Hombre, padre, no sabía de esos escarceos tuyos por los mundos de lo no correcto. ¿Quién lo diría de ti?

+ Ya ves cosas de la vida, pero retomemos el hilo. Hace pocos años me encontré, después de mucho tiempo, con uno de aquéllos que me llamaban exagerado cuando comentaba que empezaba la decadencia. Mi amigo está muy enfadado con la situación actual. Me llenó de comentarios y quejas, no paraba. Al ver que yo estaba bastante tranquilo me dijo: oye, qué te pasa, ¿has cambiado? Me limité a contestarle que pensaba como hace muchos años pero que no era un principiante nervioso en el tema como él y que me dedicaba a trabajar serenamente, dentro de mis posibilidades y en mi ambiente, para que el mundo fuera cada día algo más decente. No es mucho pero no puedo influir más que a donde puedo llegar.
Por cierto no me has dicho de quién ese texto que antes me has leído.

* Pues nada menos que es parte de un discurso que esta Navidad ha pronunciado el Papa Benedicto XVI. Así que ya ves, parece que se nos evapora el mundo.

- Hombre no es para ponerse así. Vayamos por partes. Primero ya sabes que no me gusta mezclar los consejos sobre la familia con la religión. Cuando se habla sobre el matrimonio, los hijos, la educación y todo eso con todo tipo de personas hay que hacerlo con argumentos que valgan para todos, creyentes de cualquier religión o no creyentes. Habrá que utilizar razonamientos de ley natural, sentido común, lógica, ética y otras cosas similares. En segundo lugar ahí no habla sobre el fin del mundo sino que “Un mundo estaba llegando a su ocaso”, refiriéndose a Roma y que, por motivos análogos, puede ocurrir otro tanto a nuestra civilización.

* ¿Tú lo crees así? ¿Piensas que el Papa puede estar en lo cierto?

+ Hijo yo no soy adivino y el Papa me parece que tampoco, pero él tiene un gran conocimiento de la situación actual y, además de su cargo religioso, prácticamente está reconocido por todos como un buen observador de las características culturales de los tiempos, especialmente de los nuestros. Su prestigio como hombre de pensamiento es admirado por creyentes y por los que no lo son. Además no parece una persona que diga las cosas sin ponderarlas sino todo lo contrario.

* ¿Y quién puede ser en este caso el invasor?

+ Mira, imagino que piensas en una invasión militar y puede que no sea así. No se trata de tanques, aviones, barcos y submarinos. En el mundo el combate actual está en el ámbito de las ideas y de la economía, que suelen ir muy unidas. Cuando una civilización pierde la referencia a sus raíces le puede pasar de todo, incluso que con los años se diluya en otras más fuertes en esos aspectos, sobre todo en el de la fidelidad a sus orígenes. Cuando cae Roma casi no podía combatir porque sus legiones eran extranjeras. Sus ideas, mejor su falta de buenas y nobles ideas, principalmente la falta de virtudes, la habían dejado indefensa.

* ¿Así que tendremos que rearmarnos en nuestra forma de pensar y ver las cosas, pero cómo?

+ Por ahí pueden ir los “tiros”, en ver de dónde viene el mundo occidental y qué de esos cimientos se nos están desmoronando. Se trata de repasar para recuperar lo bueno que tiene eso llamado civilización greco-romana y judeo-cristiana. El cómo para ti y para mí es, en primer lugar, en nuestro entorno y ambiente, principalmente nuestros hijos y toda nuestra familia y amigos. Ahí nos movemos tu y yo no tenemos otra zona de influencia. Si podemos llegar a más por otros caminos, pues también. Cada uno tiene que apechugar con sus responsabilidades y dejarse de quejas y críticas. Pero de esto hablaremos otro día, tiempo tendremos de proyectar todo esto sobre el pequeño mundo de la familia y considerar las consecuencias que puede tener para sus componentes.

Alejandro González
(El Vigía)

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