9 nov. 2010

LA INFANCIA (II)

Nuestro niño ya anda por los 3 años y, al tiempo que crece físicamente, también notamos otros cambios importantes en su forma de ser y comportarse. Realmente cada mes, semana, incluso cada día vamos notando que cambia, así transcurren las cosas hasta que, casi sin darnos cuenta, notamos cambios significativos que nos indican que nos encontramos en la 2ª FASE de la infancia que comprenderá aproximadamente hasta los 7 años. Citemos algunas de las circunstancias que señalan ese cambio. Para no hacer el tema demasiado extenso considero de mayor interés las siguientes:
   - Su dependencia de la madre va disminuyendo al tiempo que las otras personas de su entorno adquieren más protagonismo, especialmente la figura del padre.
   - Los compañeros del centro escolar y de los lugares de ocio, son tomados en mayor consideración pero no son amigos, simplemente son coincidentes de juegos. No tiene sentido de la amistad, los afectos siguen centrados en las personas de su hogar.

   - Ese nuevo entorno donde se ve metido le puede producir alguna inquietud, cierta desazón, a las que no hay que dar mayor importancia y, además, le ayudan en su desarrollo.

   - Para cerrar esta breve descripción añadamos a lo anterior su gran espontaneidad, imaginación y una afición desmesurada a usar el NO.

   - Pesad que todo esto no son más que generalidades, cuyo conocimiento es importante, pero en el seno de cada familia se debe estar muy atento al niño para poder concretar mejor cómo las desarrolla y así poder abordar decuadamente la actuación educativa.

  A este personaje es al que, a pesar de que sea pequeño, no sólo tendremos que ir educando sino que debemos hacerlo. Toda demora repercutirá negativamente en el futuro próximo o lejano. No podemos esperar para educar a nuestro hijo pensando que ahora no es el momento, que debe ser feliz y que cuando sea algo mayor tendremos tiempo. Todas las etapas de la vida son épocas formativas, la diferencia está en adaptarse al educando en razón de sus circunstancias.

  Necesitamos una gran serenidad. Pensad que estamos tratando con un niño pequeño y no debemos ponernos nerviosos ni querer conseguir las cosas a toda costa, como si fuera un reto irrenunciable. Por ejemplo, si bien es necesario que exista un orden en el hogar para que sea un lugar donde se pueda convivir con una cierta paz, no podemos pretender que el niño sea tranquilo como un adulto, hay que admitir sus juegos, a veces no exentos de ruidos y voces.

  Habrá que ir acostumbrándole a colaborar, con pequeños detalles, en el desarrollo de la vida familiar. Deben ser, además de cosas menudas adecuadas a su edad y posibilidades, trabajos muy concretos en los que no exijamos una perfección. Lo importante es que aprenda y se acostumbre a colaborar. Deberemos presentarle las propuestas como una ocasión de ayudar y mostrar cariño a los demás, mejorar o arreglar las cosas, etc. En todo esto hay que ser imaginativo para variar lo que se le pide y enseñarle, haciéndolo como si fuera un juego. Ante el más pequeño éxito, incluso aunque no lo haya, siempre que consigamos su colaboración espontánea hay que felicitarle. Las dificultades se le irán incrementando a medida que vaya creciendo.

  Cuando esta etapa avanza se puede presentar el asunto de las mentiras. Lo primero que hay que hacer es no dar pie a que las vea en los mayores. El padre y la madre en sus conversaciones y actitudes no deben usarlas, aunque sean pequeñas, con respecto a otros para disimular cualquier cosa. El niño tiene que notar que nos gusta la verdad y rechazamos la mentira cuando las observamos en otras personas. También hay que hacerle notar que le creemos, que confiamos en él y que, ante cualquier error o equivocación, puede contar con nuestra ayuda para rectificar y corregir. Nada de dramas y que note nuestra confianza en él.

  Confío en que en el próximo artículo terminemos con la siguiente fase de la infancia, la última, y podamos pasar a esas edades más cercanas a la adolescencia que tan preocupantes resultan para los padres. No olvidemos que las crisis de esas edades se pueden paliar bastante actuando convenientemente y dedicando tiempo a la educación en la familia durante estas edades tempranas.

Alejandro González
(El Vigía)




 

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